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La posverdad procesal

14.05.21 - Escrito por: José Manuel Valle Porras

La superior inteligencia de nuestro compañero Javier Vilaplana era una constatación comentada, con cierta frecuencia, entre el alumnado del instituto Aguilar y Eslava de aquella promoción de los años noventa que, a decir del profesorado, había sido particularmente buena. Incluso algunos de nuestros docentes lo habían referido, de pasada, en más de una ocasión. Cuando unos y otros aludían a ello lo hacían en voz grave y serena, con labios relajados de admiración, como quien es testigo de un hecho sublime y extraordinario.

Sin embargo, y con la perspectiva que dan los años, creo ahora que, obviando su naturaleza empática y su sentido ético, la gran virtud escrutadora que atesora Vilaplana no es la inteligencia, sino la sabiduría, asociada, según José Carlos Ruiz, «a la capacidad de un sujeto de tomar conciencia, evaluar e integrar aquellos aspectos de su experiencia vital que le ayuden a prosperar» (1). Así lo evidencia la todavía breve biografía de quien se ha servido de la sabiduría para orientar su vida profesional y personal, eligiendo continuamente entre la multitud de puertas que su inteligencia le abría, aprovechando para su enriquecimiento personal circunstancias que no tuvieron mayor recorrido y esperando sin pesar los tiempos propicios para materializar algunos de sus proyectos. Fruto de esta capacidad, de estas decisiones, son los éxitos actuales: su reconocido prestigio profesional como abogado; la independencia que le da su bufete; la profundidad comprensiva que tanto su incursión académica en la Filosofía, como sus nutridas lecturas y su hercúlea memoria aportan a su labor jurídica; y, lo más importante, una familia estable, cuidada y fuente de las mayores alegrías.

Esta misma sabiduría explica el merecido éxito de su reciente obra, La posverdad a juicio, que ha sido merecedora del Séptimo Premio Catarata de Ensayo. Vilaplana, hombre de sensibilidad artística, intelectual y creativa, que albergaba desde hace tiempo la ilusión de desarrollar sus ideas por escrito y darlas a la imprenta, ha sabido dejar madurar sus cavilaciones y esperar el tiempo propicio, ese dios Kairós que, de improviso, ilumina nuestras vidas y nos muestra el momento adecuado para coronar con éxito alguna empresa.

La tesis que da unidad a esta obra es la idea de que la apelación a emociones y creencias por encima de los argumentos para establecer la opinión pública, es decir, lo que recientemente hemos dado en llamar posverdad y que tan manifiesta se ha hecho en fenómenos como el trumpismo de Estados Unidos, el referendum del Brexit o el procés catalán, «puede entenderse como una práctica habitual en los tribunales de justicia», en los cuales compiten al menos dos relatos sobre la verdad de los hechos acaecidos (el de la acusación y el de la defensa), siendo el juez quien finalmente determina si el ganador ha de ser alguno de los anteriores o, incluso, otro distinto. Sea cual sea el elegido por el tribunal, sigue siendo este otra posverdad, en el sentido de que no aspirar a ser la verdad ontológica, sino una más limitada, de andar por casa, pero necesaria para restablecer la paz social.

Al servicio de esta interpretación es que el autor se ocupa de multitud de asuntos a lo largo de la obra. Entre otros muchos, delibera sobre la existencia de casos en que acusados inocentes reconocen, sin embargo, su culpabilidad por pura estrategia, para evitar unos daños mayores; la inexactitud de considerar al juez como una especie de matemático que únicamente tiene que realizar ciertos cálculos lógicos para obtener el veredicto, pues «abundan los casos difíciles» en los cuales resulta complejo tanto llegar a dar por probados determinados hechos, como «decidir qué ley resulta aplicable o cómo se debe interpretar»; la disyuntiva que puede afectar a los jueces, entre limitarse a aplicar la ley lo más mecánica y asépticamente posible, o retorcerla hasta encontrar la forma de con ella «"hacer justicia", lo que quiere decir hacer aquello que cree justo en conciencia»; o el principio jurídico según el cual no se puede juzgar dos veces a alguien por los mismos hechos, y ello a pesar de que, habiendo sido declarada inocente una persona, descubramos señales que convenzan a la sociedad de su culpabilidad. Y, para rizar aún más el rizo, recuerda Vilaplana que, en ocasiones las sentencias son recurridas, de forma que, al relato de la defensa, la acusación y el juez de primera instancia, se podría sumar, ahora, la nueva verdad procesal establecida por un tribunal superior. Ninguna, de nuevo, es lo real por sí mismo. Esto último queda, a lo sumo, y según dictamen previo de la Filosofía, como responsabilidad de las ciencias. Pero notemos que incluso en ellas, desde la Física a la Biología, con el tiempo cambian los paradigmas, los modelos, los métodos, los objetos de estudio. Lo quimérico de alcanzar una verdad definitiva es asimismo notable en Historia, donde, como afirma Guillermo Altares, citado por el autor, «el pasado cambia porque el presente que muta constantemente condiciona la mirada». Es la misma ley de Heráclito que impregna cualquier valoración personal sobre el arte o la literatura, ya que, en palabras de Andrés Amorós, «leemos, lógicamente, con todo lo que la vida nos va enseñando» (2).

Estas y otras cuestiones son tratadas en los veinticinco breves capítulos de su obra, que adoptan, de forma harto sugerente, los títulos de otras tantas canciones, con relación más o menos evidente con el subsiguiente contenido. A lo largo de todos ellos, Vilaplana profundiza en apasionantes reflexiones de la mano de multitud de referencias de pensadores y juristas, pero también del cine y la literatura, así como de litigios reales. El resultado es un ensayo amenísimo de leer, de ritmo intenso, que nos introduce con pasión en un poliédrico examen del mundo judicial. Como de costumbre en el autor, su palabra, además de un arma eficaz en los tribunales, es un acontecimiento poderoso que nunca nos deja indiferentes.

Javier VILAPLANA RUIZ: La posverdad a juicio. Un caso sin resolver, Madrid, Catarata, 2021, 123 pp.


(1) José Carlos RUIZ: Filosofía ante el desánimo. Pensamiento crítico para construir una personalidad sólida, Barcelona, Destino, 2021, p. 111.
(2) Andrés AMORÓS: La obra literaria de don Juan Valera: la música de la vida, Madrid, Castalia, 2005.

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