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Según el programa previsto, difundido por el Obispado de Córdoba, en primer lugar se celebró una concentración silenciosa, en la Plaza de la Compañía y luego tuvo lugar, ya en el interior de la parroquia de El Salvador y Santo Domingo de Silos (La Compañía), la vigilia de oración.
Durante la vigillia se dieron a conocer "testimonios de varias personas sobre el amor a la vida", para dar paso luego a la celebración de la Eucaristía, presidida por Asenjo, a la que siguió, finalmente, una 'Hora Santa', con exposición del Santísimo y oración en silencio.
En la homilía, Mons. Asenjo manifestó que el misterio de la Encarnación del Señor “nos descubre el valor sagrado de toda vida y nos advierte de la gravedad de tantas amenazas como hoy se ciernen sobre ella en una espiral de inaudita crueldad”. Recordó así al Papa Juan Pablo II, quien lo calificó como “cultura de muerte”. En este sentido, señaló que a la plaga del hambre y a la muerte de tantos niños desvalidos e indefensos, se une el terrorismo, la violencia cruel contra las mujeres, etc.; y sobre todo, “el drama del aborto, que se extiende entre nosotros como una negra marea y que a su gravedad intrínseca, por ser la eliminación voluntaria y querida de un ser humano, se une la tragedia de su aceptación acrítica por una parte de nuestra sociedad, en nombre del progreso y de la libertad de la mujer”.
Por ello, pidió actuar como “mensajeros y heraldos del Evangelio de la vida”, abriendo “los ojos de aquellas personas con las que nos relacionamos y explicar pacientemente y con fina pedagogía la gravedad intrínseca del aborto o de la eutanasia a quienes quieran escucharnos, es un camino magnífico para extender una cultura que respete, promueva y acoja la vida, toda vida, desde su concepción hasta su ocaso natural”. Así instó a ayudar a los jóvenes a tomar una conciencia cada vez más respetuosa con el don de la vida. Y añadió: “Dedicad vuestras mejores energías a la formación afectivo-sexual de los niños, adolescentes y jóvenes. Enseñadles a interpretar los deseos más profundos de sus corazones juveniles, en los que existe el lenguaje del amor puesto por Dios”, ya que “sin esta educación básica difícilmente aceptarán las exigencias del Evangelio de la vida al fundar su propio hogar y vivir su vocación de padres cristianos”. Pero además del Evangelio de la vida, destacó que “es preciso que todos ayudemos a las madres en dificultades para que ni una sola acuda al procedimiento letal de sofocar la vida naciente que lleva en sus entrañas”. Por ello, manifestó que “respalda y alienta a las instituciones, confesionales o no, que cada día en mayor número promueven iniciativas a favor de la vida y que ayudan a las madres en circunstancias difíciles para que acojan generosamente el fruto de sus entrañas”. Agradeció “la tarea preciosa que realizan entre nosotros Fuente de Vida, las Religiosas Adoratrices, Adevida y Red Madre”, y les invitó “a coordinarse y colaborar entre si para que todos les ayudemos a intensificar y extender este servicio magnífico”.
Antes de finalizar la homilía, D. Juan José Asenjo destacó que “el medio más eficaz para afianzar en nuestra sociedad el respeto por el don de la vida es la oración”. “La oración es la fuente de los frutos que permanecen y el manantial que refresca y fecunda todas nuestras iniciativas apostólicas”, resaltó.
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