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La salida de la Virgen del Buen Fin, en la que la dificultad de la puerta de Capuchinos marca una singular expectación, fue seguida por muchas personas que presenciaron la disciplina y buen hacer de los costaleros. Un numeroso cortejo de capuchones, mantillas y niños y niñas con esclavinas, precedían el palio de Ntra. Sra. del Buen Fin, en el que la comunidad Escolapia tiene tanta presencia. La Cofradía de "los Estudiantes" que este año cumple su vigésimo aniversario, dio muestras del esfuerzo y trabajo realizado por sus componentes y sus juntas de gobierno a lo largo de estas dos décadas. Entre lo más destacado, los candelabros y faroles entrevarales que estrenaba y que aportan al palio una estética digna de elogio, que llamó la atención a cuántas personas presenciaron el itinerario de la Cofradía. La Banda de Música de Cabra interpretó un selecto repertorio, con marchas muy egabrenses en la primera parte de la procesión y otras destacadas en la historia de la marcha procesional en el resto del recorrido, sin que faltaran las dedicadas a la propia Cofradía y a Ntra. Sra. del Buen Fin.
Desde Santo Domingo, Ntro. Padre Jesús de las Necesidades, el Señor de "las Tres Gracias", que convoca a tantas personas en su multitudinario besapié de cada primer viernes de marzo, salía a hombros de sus costaleros, luciendo una preciosa túnica morada de terciopelo que ha sido recuperada gracias al cuidado de las MM. Agustinas Recoletas que la custodiaban desde hacía años.
La Agrupación de la Virgen de las Angustias de nuestra ciudad, acompañaba con sus sones a la imagen del Señor que cuenta con más devoción en nuestra Ciudad y al que seguían numerosas personas alumbrando tras el paso. Cuando llegaba al Monasterio de las Agustinas Recoletas, la imagen se giraba hacia las ventanas de la calle Priego, para que las religiosas pudieran ver al Señor. Y mientras daba la vuelta a la Plaza de San Agustín para enfilar la calle Alcalá Galiano, la cofradía lo hizo en silencio, como señal de luto por el reciente fallecimiento de Madre Sacramento. Un silencio que estremecía y que llenaba de emoción el paso del Señor, que parecía avanzar andando abrazado a la Cruz.
Apenas se habían escuchado las últimas marchas de la Agrupación de las Angustias en el Llanete de Santo Domingo y tras la recogida del Señor de las Necesidades, la gente se fue agolpando en las inmediaciones de la Fundación Termens, desde donde iba a salir la Cofradía del Cristo de la Expiración. Con la presencia de las Hijas de la Caridad, en cuya capilla se venera esta imagen, los cofrades se iban preparando, mientras las nubes dejaban ver la luna y el incienso llenaba de aroma y ofrenda la calle San Juan de Dios y el patio del Colegio Niño Jesús que fundara la Vizcondesa de Termens.
Con total puntualidad, las puertas de Termens se abrían para que el cortejo de penitentes, sobrio y callado, avanzara poco a poco hasta que el Cristo de la Expiración se situaba bajo el dintel, alumbrado por las antorchas, iniciándose el rezo del Via Crucis en esta Cofradía que cumple su cuatrigésimo aniversario en 2011.
Las notas de la jornada mezclaron algunos de los ingredientes que son consustanciales con la Semana Santa y las Cofradías y que permiten que siga avanzando esta centenaria manera de celebrar los Misterios de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo: tradición, juventud y recogimiento.
No faltó la nota discordante de la celebración de la copa por algunos seguidores del Real Madrid, que apenas había pasado la Virgen del Buen Fin, alborotaron en la fuente de la Plaza Vieja el triunfo del equipo blanco y recordaron los momentos que hicieron desaparecer el desfile del Viernes Santo.
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