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Dedicados a la Soledad, Joaquín Cañero publicaba en el número 4 de La Opinión, de 5 de abril de 1912, los versos que reproducimos:
¿Qué haces aquí, pobre Madre,
tan solitaria y tan triste?
Por ventura no tuviste
quien enjugara tu llanto?.
Pues a tu lado me tienes
admíteme por amigo
que quiero llorar contigo
y compartir tu quebranto.
No desatiendas, Señora,
este mi ruego sincero,
yo más que a nadie te quiero,
porque yo se quién tu eres.
Casta Virgen, fiel esposa
Madre, la más exquisita
y la mujer más bendita
entre todas las mujeres.
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