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11.08.12 OBITUARIO

Fallece el imaginero y restaurador Miguel Arjona Navarro

Antonio R. Jiménez | Antonio Fernández

El que fuera encargado de llevar a cabo la restauración de la imagen de Ntra. Sra. de la Sierra, Patrona de Cabra, ha fallecido en la capital cordobesa a la edad de 79 años tras una larga enfermedad. Su obra se encuentra diseminada por decenas de iglesias de Córdoba y Andalucía. Una muestra de su talento se aloja en el Seminario, Santa Teresa, Santa Isabel de Hungría, Chirinos, la Iglesia de las Margaritas, el Parque Figueroa y un buen número de centros religiosos. Hasta en Canadá, Malasia y EEUU hay esculturas talladas por el maestro Arjona.

Arjona realizó, aparte de la conocida restauración de la Imagen de María Stma. de la Sierra en 1978, trabajos de conservación y restauración a las imágenes de Ntra. Sra. de los Dolores, el Señor amarrado a la Columna, la Virgen de los Remedios, el Mayor Dolor o la Virgen del Socorro. Además de la talla del conocido como Cristo del Picacho.

De igual manera, el artista cordobés realizó la imagen del Patrón de Cabra, San Rodrigo, que hoy en día se venera en la Parroquia de Ntra. de la Asunción y Ángeles y que procesiona a mediados de marzo con motivo de su festividad o la imagen de la Virgen de la Sierra que se ubica en la Porciúncula y que en la Festividad de San Rodrigo es portada por los conocidos "costalerillos".

Nacido en 1933, el cordobés Miguel Arjona Navarro, fue alumno de Amadeo Ruiz Olmos, Rafael Diaz Peno y Fernández Márquez en la Escuela de Artes y Oficios.

XXV Años de la Restauración de la Venerada Imagen de la Virgen de la Sierra

Entrevista Con MIGUEL ARJONA NAVARRO


En el mes de diciembre de 2002, se cumplen 25 años de la autorización por parte del entonces Obispo de la Diócesis Mons. Cirarda Lachiondo, para que la Comisión Gestora de la Patrona de Cabra, procediera a la restauración de la milagrosa imagen de la Virgen de la Sierra. Todo comenzó cuando miembros de la comisión de arte del catálogo histórico artístico de Córdoba vinieron y comprobaron in situ el lamentable estado que presentaba tan antiquísimo icono mariano, que sólo de manera milagrosa parecía haber llegado hasta esas fechas. El artículo y la fotografía que publicó La Opinión, sirvieron para demostrar aquello que muchos pensaban pero que hasta entonces, no se había visto.

Tras los pertinentes trámites, finalmente el 12 de diciembre de 1977 el Obispo autorizó la restauración estableciendo una serie de consideraciones que habrían de tenerse en cuenta y que marcarían un trabajo que fue encargado al cordobés Miguel Arjona Navarro, con quién hemos mantenido una entrevista en su taller de la capital cordobesa, para recordar cómo fueron aquellos momentos vividos de primera mano por todo el pueblo de Cabra, mientras que el escultor realizaba su trabajo en las dependencias del archivo parroquial.

Apacible tarde de otoño. Entrar en el taller de Miguel Arjona es cómo recrearse en el tiempo, en el arte, en la Córdoba profunda. Nada más entrar en el primer patio de acceso a este bello palacete cordobés, nos encontramos con un bajorrelieve de la Virgen de la Sierra. Luego en el patio porticado, nos sentamos entre esculturas, maderas, cuadros, obras de arte. Miguel Arjona nos recibe amablemente. Su casa está llena de obras de arte. Hay litografías de la Virgen de la Sierra, algunas imágenes pequeñas de nuestra Patrona. Una imagen del Niño Jesús, en fín muchos recuerdos de la imagen que tuvo entre sus manos hace muy pronto veinticinco años.


El principio.

Fue muy difícil. De casi no tener nada a tener mucho. Yo me encuentro la Virgen fatal. La intención era que la Virgen mantuviera su fisonomía que la gente volviera a ver la Virgen de la Sierra. No podíamos hacer otra cosa. Don Manuel Osuna me ayudó mucho. La Virgen podía haberse quedado en escultura. Don Miguel Vacas era de los que pensaban que había que dejarla en su primitivo aspecto gótico pero no era aconsejable. Yo idealicé la imagen en los bocetos que hice para la Cofradía. Cuando le quitamos las capas de la cara nos encontramos con su rostro, restos de corona, cuello, dorados, etc. A partir de ahí fuimos reconstruyendo. La parte debajo de la cintura nos permitió intuir los paños, los pliegues, etc, y así fuimos quitando capas de pintura y de relleno y a reponer.

La Virgen aparecía en un estado lamentable pero conservaba bajo numerosas capas de repintes su primitivo aspecto. La boca, los ojos, la nariz, aparecían finísimos tras las capas que se le fueron eliminando. En un principio se hicieron varios dibujos a modo de plantillas para conservar la imagen en el caso de que hubiera algún problema para mantenerlos. Hubo quien pensó que habría que dejar la Virgen como apareció, pero las indicaciones del Obispo y las circunstancias que envolvían a una imagen con tanta devoción y veneración obligaron a conservar parte del aspecto con el que todos los devotos la recordaban. Hubo que dejar el mismo grosor, las mismas dimensiones que tenía y en este sentido podríamos decir que la primitiva imagen gótica no podía conservarse como si fuera una imagen de retablo o con menos devoción. Además había que adaptarla para las vestiduras con las que tradicionalmente se había vestido, pues no podía dejarse tampoco como una escultura policromada que no se viste.

Yo hice varios dibujos de cómo podría ser la escultura que se publicaron y que debe conservar la cofradía. La Virgen no había perdido la cabeza como dijeron algunos. Su cabeza es la original, igual que el cuerpo. Lo que pasa que estaba muy mutilada y con mucha carcoma. Cuando fueron a ver la Virgen, sólo vieron la parte de abajo. No llegaron a descubrir la parte de arriba. Es igual que cuando podían pensar que era una imagen de candelero. Nada más lejos de la realidad. Es una talla completa de cabeza a los pies.

La imagen se viste con numerosa ropa interior, tiene unas camisolas, por lo menos cuatro o cinco, de estilo renacimiento, de encajes bellísimos. Unas enaguas muy singulares, que yo recuerdo preciosas, que tenían una cenefa ancha con soldados, caballos, estandartes, banderas, una caballería completa. Debía tener unos diez o quince centímetros de ancho, muy rizadas y de una textura delicadísima. Las camareras y el mayordomo se encargaban de vestirla y ponerle las ropas para luego colocarle la saya. Desde luego todas las ropas eran de una calidad exquisita aunque el paso del tiempo se notaba en algunas.

Algunas cosas curiosas.

Hay una que no descubriré nunca. La sabemos sólo la Virgen y yo, pero no la voy a contar. Sin embargo pasaron muchas cosas que desde luego recuerdo como si las estuviera viviendo. Había días que veía las cosas oscuras, estaba con el alma en un puño. Cuando la Virgen estaba "limpia" de todos los repintes y de los desperfectos, no sabía que hacer. La cabeza mantenía la veta de sangre de la madera, pero el resto estaba muy destruido. No sabía cómo iba a realizar aquel trabajo. Había muchas huellas de los insectos pero no encontramos ninguno vivo. Hubo que limpiar beta por beta, astillas, huecos, luego se fue reintegrando. Las piezas se fueron haciendo poco a poco, la peana se le hizo nueva, luego los demás trozos eran muy pequeños...

La Virgen tenía como un faldón de lino tras la talla en madera que estaba como fijada a la escultura. Hubo que quitarle muchos clavos, la parte mejor, la no mutilada, era el torso y parte de la cintura, también el cuello. Había muchos huecos provocados por los insectos y otros que se notaba que habían sido hechos para adaptar la talla a las vestiduras. Yo creo que el Niño estaba apoyado sobre el cuello, por la hendidura que presentaba. Seguramente lo quitarían para poder vestirla. Y luego seguro que tendría varias imágenes del Niño Jesús.

Que destacarías de tu experiencia en esta restauración, tan importante para los egabrenses.

Cuando había terminado la restauración, llegó la primera mujer que entró, se puso de rodillas, llevaba un niño chico en sus brazos y fue la primera que la vió. Se impresionó mucho, la vió antes de vestirla. Esa mujer había ido casi todos los días, llamaba, preguntaba como iba todo y sin entrar se iba. Aquel día entró la primera, antes que nadie. Y la verdad es que a mí me sobrecogió cómo reaccionó la mujer ante la Virgen de la Sierra en talla, sin vestir. Eso no lo encajó bien la gente. Iba mucha gente que llevaba flores todos los días. Pero no entraban, le rezaban desde las ventanas. Yo los veía desde arriba. Sin embargo aquella mujer la dejé entrar. Estaba todas las tardes dando vueltas por allí y aquel día había terminado la Virgen. Entonces la dejé entrar y la dejé sola con la Virgen. Fue muy emocionante. Las monjas de palacio tiraron cohetes. Luego por la tarde llegaron Modesto y Don Manuel y me dijo que cómo había tenido valor porque ya estaba aquello lleno de gente y yo no podía evitar que los egabrenses se acercaran a su patrona. Para muchos fue un día imborrable. Y creo que el pueblo se merecía ver a la Virgen terminada.

Qué nos dices de las reliquias que se repartieron como recuerdo de la restauración.

Lógicamente había muchos trozos de madera, unos más pequeños, otros más grandes. Había muchos restos de capas de pintura, de tela encolada que le habíamos quitado por su estado y porque no servían para nada, solo para perjudicar la talla. De todo eso salieron las reliquias. Eran restos de lo que había sido eliminado. Muchos de los trozos de reliquias surgieron de las partes más dañadas y más atacadas que lógicamente hubo que resanar. Y no podíamos dejar la madera vieja y carcomida. De un trozo pequeño salían multiples astillas, incluso guardamos la parte que parecía serrín. Restos de pinturas, restos de telas, y el pueblo quería conservar aquello que nosotros no podíamos ni tirar ni dejar en la talla.

¿Hubo quién propuso que la Virgen estuviera en el Santuario sin vestir y luego que se vistiera para venir a Cabra?

Si eso se planteó, uno de los que más interés puso en este tema fue Don Miguel Vacas. Pero no era una buena idea. SI cuando enseñamos la Virgen ya terminada se hubiera visto que la gente lo aceptaba podría haberse hecho. Pero no fue así. Muchas personas se quedaron impresionadas. Se esperaban a la Virgen vestida y cuando la vieron en su talla, la reacción fue de sorpresa y duda. Por eso había que vestirla. Cuando la gente la vió aquello era un taller, no era ni la Iglesia, ni el Santuario. Cuando la Virgen salió para la Parroquia iba a falta de manto. Fuimos muy respetuosos porque además era lo que había que hacer, además, esa era una de las condiciones que había establecido Monseñor Cirarda cuando autorizó la restauración.

Háblanos del Besamanos y el triduo antes de subir a la Virgen, ya restaurada en Mayo de 1978.

Igual que hice unos bocetos de la imagen idealizada, también pinté dos acuarelas con la idea para el besamanos. Las tiene que tener la cofradía. Pensé que sería precioso poner a la Virgen cerca del pueblo, aunque luego estuviera en las andas, pero que pudieran acercarse a Ella y la contemplaran muy de cerca. Creo que fue un rotundo éxito. Largas colas de devotos fueron a aquel besamanos, inolvidable para muchos. También para mí, claro.

Cuando terminas, ¿qué piensas?.

Pues por un lado me dio mucha pena. Había estado varios meses junto a la Virgen y quieras que no, un día y otro, la cercanía me resultaba familiar. Pero fue más la alegría de verla otra vez en la Iglesia. Cuando se hizo el traslado a la Parroquia, era de noche, la Virgen iba con el rostrillo, con la saya, sólo a falta del manto. Y de ver cuanta gente esperaba que la Virgen estuviera en la Iglesia, me dio mucha alegría. Mi trabajo era devolverle un aspecto lo más parecido posible al original, y que se pudiera conservar muchos años. Al sacarla a la calle, y ver que todo el mundo estaba con Ella, me dio mucha alegría, pero sabía que se me acababa estar a su lado. Hubo mucha gente que incluso me dejó de hablar, pero el pueblo me felicitó.

Recuerdo un día que subimos a la Sierra con Don Diego, que era un hombre muy respetuoso, se portó muy bien, aunque bajó sólo dos o tres veces a ver la Virgen. Tampoco Don Manuel Mora la vio hasta que se terminó de restaurar. Vimos en la Sierra una capilla con unos letreros, que incluso yo recreé luego en unos dibujos, aunque me parece que esas pinturas originales que había en aquella habitación no se conservan. Creo que podría ser la primitiva capilla, una ermita pequeña, antes de hacer la iglesia grande.


¿Crees que se conserva bien o habría que mirar de nuevo la imagen?

Creo que se conserva bien, en realidad el trabajo parece que se mantiene. Eso no quiere decir que venga mal realizar algún tipo de inspección sobre la imagen. Ver los movimientos, si la madera está sana, si hay algún tipo de daño o alguna infección, en fín, mirarla de vez en cuando no es malo. A lo mejor sería bueno ahora que van a cumplirse veinticinco años.

Coméntanos algo del hueco de la imagen de la Virgen detrás.

La Virgen de Linares tiene también un hueco detrás. Yo me inclino a pensar que el origen es que se trataba de una pieza entera a partir de un tronco de madera. El hueco es para facilitar el trabajo del escultor, eliminando madera que no servía y para evitar que se abriera. No se trata de un sagrario ni de otro sentido en este hueco que tenía.

Háblanos del ajuar y los mantos de la Virgen de la Sierra.

Esto fue una cosa que me sorprendió mucho. Tantos mantos, tan ricos, tan antiguos, creo que es una de las imágenes que más tiene y de más calidad. Recuerdo las arcas de ropa interior, insisto en la de la caballería que he referido antes. Las enaguas son de cintura y algunas son fijas pero suelen cambiárselas. Esta enagua que digo puede tener unos tres metros que luego se rizan para fijar a la cintura. Creo que la ropa interior es tan valiosa como muchos de los grandes mantos.

La Virgen no tiene ninguna clavada como sí tenía antes. Sobre la talla se le pusieron las enaguas pero no volvió a clavarse nada sobre la imagen.

¿Si hoy tuvieras que hacer el trabajo lo harías igual?

Yo no cambiaría, lo haría igual. Hoy hay técnicas distintas, no se si serán mejores o no, pero yo lo haría igual, No podría por ejemplo utilizar siliconas u otros materiales. Creo que si la Virgen legó hasta 1977 como llegó, con la restauración que realicé puede estar otros tantos años así. Aunque no estaría de mal revisar de vez en cuando para evitar que haya estos problemas. Pero estoy muy satisfecho del trabajo que hicimos sobre esta preciosa imagen, con tanta devoción, a la que veneran tantas personas. Creo que lo haría igual.

¿Hay quien decía que no hacía falta hacerla?

La gente no sabía como estaba la imagen. Yo creo que cuando se publicaron las fotos, se comprobó el estado de la talla. Quizá no habría que haberlas puesto todas ni de la manera que se pusieron, pero la Comisión Gestora entendió que si, que había que publicarlas para que la gente viera el estado que tenía. Y desde luego que necesitaba una restauración urgentísima. Creo que la Cofradía o Don Manuel, no recuerdo bien, hicieron un video que debe estar en el archivo, sería muy conveniente que quiénes piensan que no se hizo bien o que no lo necesitaba lo vieran. Igual que las fotos que se tomaron sobre esta restauración y que supongo que conserva la Cofradía. No digo yo que se publiquen o que puedan mostrarse en un libro, pero no estaría mal que la gente lo conociera. Así muchos tendrían que callarse.

¿Habría aguantado otra bajada si no llega a restaurarse?

Yo no te digo que se hubiera caído ese año o al otro. Pero la Virgen estaba en un estado peligrosísimo. Los clavos casi sueltos, la madera carcomida, casi todo suelto. En uno de los traslados si no se llega a intervenir sobre ella, podría haber pasado lo peor. O no, la Virgen de la Sierra es muy milagrosa, quizá por eso pudo estar tantos siglos así.

¿Y los repintes?.

Muchas personas decían que la imagen no aguantaba pinturas. Pero yo comprobé cuantas capas de pinturas tenía. Muchas veces para mantenerla le pintaban, la arreglaban, le colocaban trozos de tela. Así llegó al estado en la que nos la encontramos.


Sobre el Niño

El Niño no tenía mucho problema, en realidad, se limpió y se consolidó la pintura cubriendo algunas faltas. Los roces de los pies por los zapatos, las manos y los dedos, también quizá por las joyas. Pero el Niño fue un trabajo mucho más sencillo y menos importante.

Cuando se terminó se le puso pelo...

Si, fue la hija de Modesto quién preparó los postizos y el pelo era de las hijas y me parece que de la mujer de Paco Carmona, tenían un pelo rubio precioso. Se le hizo una foto con mantilla que resultó muy singular aunque extraña porque la imagen estábamos acostumbrados a verla vestida entera. El pelo que le habíamos quitado estaba fatal. En realidad no se cuanto tiempo llevarían los postizos que tenía puestos pero eran de pena. Desde luego cuando yo me puse delante de la Virgen y fui descubriendo cómo estaba sólo me quedaron fuerzas para rezarle y pedirle que me ayudara, porque ya no me podía echar atrás. Y la responsabilidad era muy grande. Imaginaros vosotros que sois de Cabra, la situación. Una de las imágenes con más devoción de toda Córdoba y más sitios, la Patrona de Cabra, una de las imágenes más antiguas de la diócesis. Era una situación complicada, y yo me asusté cuando la ví ante mí. Por donde empezar, Madre mía, me preguntaba. Y desde luego que casi sin dormir, al día siguiente me puse manos a la obra.

¿Este trabajo es de los más interesantes que hayas hecho, lo consideras el más importante?

Los trabajos nunca puedes compararlos, pero a nivel devocional es el más fuerte que he realizado. En realidad a mi me provocó mucho "enganche". Yo de chico conocía la Virgen y había visto el Santuario pero cuando me vinculé con la Virgen fue durante todo el tiempo que estuve allí en Cabra junto a Ella, haciendo este trabajo. Y desde entonces no he podido desvincularme. He realizado muchas visitas a Cabra, unas veces a nivel particular, otras con mis amigos que mantengo allí, otras simplemente a ver la Virgen. También recuerdo con mucho cariño a los Santeros, recuerdo un día que fuimos al Santuario y no pudimos entrar por que había fallecido un familiar de los Santeros. Desde luego que fue un trabajo muy interesante, estar en Cabra todo ese tiempo, trabajar en un taller preparado para que la Virgen no saliera de Cabra, devolverle su aspecto habitual, yo estoy muy orgulloso de aquel trabajo y desde luego que la Virgen de la Sierra me ha llenado de dicha. Fíjate como tengo la casa, cuadros, estampas, imágenes, fotos de la Virgen de la Sierra por todas partes. Si parezco más de Cabra que vosotros.


Así terminábamos esta entrañable conversación con Miguel Arjona, en su casa ? taller de Córdoba. Muchas cosas más pudimos conocer sobre aquel trabajo, algunas de las cuales se publicarán en mayo de 2003, cuando se cumplan XXV años del final de la restauración. Con esta semblanza, La Opinión ha querido traer hasta nuestras páginas a Miguel Arjona Navarro, quién fue encargado para restaurar la imagen milagrosa de María Santísima de la Sierra. Un encargo del que se cumple un cuarto de siglo en este mes de diciembre de 2002.


JOSE ANTONIO TEJERO CÁRDENAS
JOSE MANUEL JIMÉNEZ MIGUELES
ANTONIO RAMÓN JIMÉNEZ MONTES

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