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La Romería de la Candelaria, que cada primer domingo de febrero se celebra en el Santuario de la Virgen de la Sierra, ha llegado en este año a su edición número 102 y ha servido además de para abrir el calendario romero en la "Casita Blanca", para que la nueva Junta de Gobierno resultante de las elecciones celebradas a Hermano Mayor en el Seno de la Archicofradía y que arrojaron una victoria del candidato Antonio José Cano Jiménez, tome el relevo del ya saliente Hermano Mayor Agustín Mellado. El acto tuvo lugar de manera sencilla antes de la finalización de la Eucaristía de la Romería.
La Romería comenzaba pasadas las 12 del mediodía con la procesión del Niño Jesús de la Virgen de la Sierra que para la ocasión estaba ataviado con la tradicional vestimenta de "cristianar" y se presentaba, de manera novedosa, bajo las andas de viaje de la Patrona de Cabra en el interior del Templo.
Al comienzo, el Consiliario de la Archicofradía y Rector del Santuario, Zacarías Romero, bendecía las candelas y el romero y posteriormente tomaba sobre sí el Divino Infante para proceder a la Procesión solemne, entre cantos y rezos, por el alrededor del Santuario escoltado por los devotos y cerrando el cortejo el Palio de respeto que hace un año estrenara la Archicofradía para tal ocasión. Cabe destacar que la imagen del Bendito Niño lucía para la ocasión la cinturilla que allá por agosto de 2013 regalara el Ayuntamiento con motivo de la presentación de la Reina y Damas de Septiembre en el Santuario.
Parada obligada durante el transcurso de dicha procesión al llegar a los miradores donde la comitiva se detenía para que el Bendito Niño dirigiera su mirada hacia nuestra Ciudad en un, seguro, gesto de complicidad y haciendo llegar el encargo de su Bendita Madre de repartir bendiciones para todos los egabrenses.
Se celebró entonces la Eucaristía en un templo repleto de romeros y devotos y antes de su finalización, la nueva Junta de Oficiales encabezada por el ya nuevo Hermano Mayor, Antonio José Cano Jiménez tomaban posesión de sus cargos para los próximos cuatro años.
Tras la Eucaristía, y siendo fieles a la tradición, se sorteaban las viandas aportadas y los pichones.
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