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Acompañados por los tradicionales vivas a la Patrona que brotan espontáneamente de la multitud, este ritual no es un mero espectáculo festivo; constituye una de las señas de identidad más genuinas, arraigadas y emotivas de la identidad mariana y cultural de Cabra.
Su historia forma parte de un ritual no escrito pero que tiene una honda tradición devocional y ceremonial. El sonido del tambor militar -o caja guerrera, como se lo identifica en algunos escritos- abriendo paso a la multicolor insignia es una imagen grabada en el imaginario colectivo de los egabrenses. Históricamente, el privilegio de tremolar y custodiar el inmenso pendón de seda bordada ha correspondido a los pastores y ganaderos de la sierra. Según recogen crónicas del siglo XIX, como las del escritor Juan Antonio de la Corte, los ganaderos sostenían de forma espontánea y perpetua esta encomienda, formando una comitiva de gala que precedía a las procesiones y romerías.
El sacerdote y escritor Pedro Pedrosa recordaba en 1904, en su «Mes de mayo dedicado a la Virgen de la Sierra», la leyenda tras este honor, al producirse la «milagrosa aparición de la Virgen en el risco tras la reconquista», el cautivo cristiano que dio la grata noticia se presentó ante las autoridades eclesiásticas y reales vestido con el humilde traje de pastor. Desde entonces, la figura del pastor sosteniendo la Bandera perpetúa el tributo que las milicias cristianas y el pueblo rindieron a la Soberana Reina rindiendo sus armas y estandartes. Fue esa la interpretación que el padre Pedrosa daba al hablar de San Fernando, y de «la bandera y tambor militar que van delante de la imagen de la Virgen en todas sus procesiones y traslados y recorre las calles algunos días antes de la Natividad de Nuestra Señora».
En cuanto a sus orígenes, diversos análisis vexilológicos e históricos sugieren un fascinante cruce de influencias:
- Ascendencia andalusí (Siglo XIII): Existen notables coincidencias visuales entre la Bandera de la Virgen de la Sierra y las telas almohades del siglo XIII. El uso de figuras poligonales, el enramado de rombos, sus medidas cuadradas y la viva combinación de colores (rojo, amarillo, blanco, verde y azul) guardan paralelismo con el famoso Pendón de las Navas de Tolosa o el pendón conservado en Vilches (Jaén), tomado a las tropas andalusíes. Y no digamos algunas de las banderas que surgen de la enseña heráldica del Valle de Baztán.
- La Cruz aspada y el aspa de Borgoña: La cruz flordelisada o en aspa que articula el centro del paño evoca tanto las mercedes concedidas a los nobles tras la reconquista como la posterior adopción del Aspa de Borgoña en las banderas militares españolas a partir de los Reyes Católicos y la Casa de Austria.
- El tambor como acompañamiento militar y devocional: El inseparable tambor responde a la antigua ordenanza militar de la España de los Habsburgo ?como la promulgada por Felipe II en 1567, que exigía que cada tropa fuese precedida por una bandera y un tambor?, una costumbre integrada de forma natural en multitud de festividades marianas de la geografía peninsular.
Independientemente de sus complejas raíces históricas, la Bandera y el Tambor son, por encima de todo, el anuncio vivo de la fiesta. Son el preludio de la alegría de Cabra que espera a su patrona. Cuando la bandera se despliega en el aire y resuena el tambor por las esquinas del municipio, la niñez y la vejez se unen en un mismo sentimiento. Así lo inmortalizó el poeta Juan Soca Cordón en las célebres estrofas del Himno a la Bandera (con música del Maestro Rodríguez): «Con qué viva ilusión nuestra niñez, te aclamaba al redoble del tambor; con qué serenidad nuestra vejez, borda rosas de amor en tu color»
Hoy, 3 de septiembre, Cabra vuelve a vibrar. La Bandera ondea de nuevo al viento anunciando que la Virgen de la Sierra está a punto de bajar a su pueblo.
¡Viva!, ¡viva!, ¡viva!...
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