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Carlos Gardel. El ídolo roto, de Manuel P. de Somacarrera

17.12.19 - Escrito por: Manuel Guerrero Cabrera

PÉREZ DE SOMACARRERA, Manuel (1937): Carlos Gardel. El ídolo roto. Barcelona, Ediciones Mi revista.

Gardel actuó varias veces en España y se puede afirmar sin rotundidad que salió satisfecho y, especialmente en las últimas ocasiones, con éxito. El primer viaje fue en 1923, con su compañero José Razzano, dentro del espectáculo que la Compañía de Matilde Rivera y Enrique de Rosas realizó en Madrid: ABC y El Liberal destacaron la actuación del dúo. En 1925 volvería Gardel solo (Razzano se quedó sin voz ese mismo año), de nuevo con la Compañía Rivera-De Rosas, a Madrid y Barcelona; de nuevo la prensa destaca al Zorzal en el Teatro Romea de Madrid durante todo el primer difícil mes de 1926. A finales de 1927 volverá a España por tercera vez; además de Barcelona y Madrid, actuará en Bilbao, San Sebastián, Santander y otras ciudades del norte. Su cuarto viaje se fecha a mediados de 1929, cuando canta en el Teatro Principal Palace de Barcelona y el Teatro Avenida de Madrid las que serían sus últimas presentaciones ante el público español, por quien ya era admirado sin distinción de clases sociales, además de por la buena venta de sus canciones. El último viaje sucede en 1932 para grabar discos en Barcelona [1], donde conoce la gran aceptación con la que ha sido acogida Luces de Buenos Aires, película que protagoniza, y la anécdota de «que el público aplaudiendo frenéticamente» [2] interrumpió la proyección.

Según la poca información respecto al público de sus primeros viajes y en vista de los teatros en los que cantó, se puede afirmar que actuó para la clase acomodada, desde la corona (la reina Victoria Eugenia, la Infanta Isabel y las princesas María Cristina y Beatriz se hallaban entre el público de sus actuaciones de 1923) a la burguesía, pasando por la aristocracia. Sin embargo, aunque la radio y la venta de discos difundieron su voz a finales de la década de los años 20, creemos que fue el cine lo que hizo que Gardel llegara al pueblo, en especial, el éxito de Luces de Buenos Aires, de la que ya hemos anotado lo que pasó en Barcelona; en Madrid no fue diferente, pues se mantuvo en cartelera por tres años, exhibiéndose al mismo tiempo que Melodía de arrabal, Espérame o los cortometrajes La casa es seria y los dirigidos por Eduardo Morera (proyectados en España bajo diversos títulos como Musas argentinas o Nostalgias porteñas, entre otros). A ver sus películas acudía gente de la más diversa procedencia e ideología [3], como es el caso de Manuel Pérez de Somacarrera, periodista que perteneció a la CNT y que fue responsable de prensa y propaganda del Comité del Producción Cinematográfica del Sindicato de Espectáculos durante la Guerra Civil. P. de Somacarrera entrevistó a Carlos Gardel en diciembre de 1931 para la revista Films selectos, motivado por el éxito de Luces de Buenos Aires. Pudo quedar tan asombrado con él que siguió su trayectoria cinematográfica y publicó en el otoño de 1937 [4] Carlos Gardel. El ídolo roto, dentro de la colección de libros de Mi revista, publicación preparada generalmente por varios miembros de la CNT, de espíritu anarquista y antifascista.

Carlos Gardel. El ídolo roto se publica, por lo tanto, al segundo año de su fallecimiento, y, lo que es más significativo, durante la Guerra Civil española [5]. Se tiene constancia de que la muerte del cantor, debido a lo impactante del suceso, fue una de las noticias más comentadas en el verano de 1935, también llegaron las que trataban de las mujeres que se suicidaron (o lo intentaron) tras su muerte y, algo menos difundido, lo relativo al multitudinario entierro [6] de febrero de 1936.

El libro está dividido en dos partes: una que recoge supuestos momentos de la vida del cantor y otra que es un cancionero.

De la primera hemos de decir que mayormente es fruto de una reelaboración de la información publicada sobre Carlos Gardel en España durante la década anterior a esta obra, por lo que está llena de inexactitudes; por ejemplo, menciona que pudo nacer en Montevideo, Buenos Aires o Toulouse (decantándose por esta última), escribe que el apellido real de Gardel es Garde [7], o indica que su «secretario» es Antonio Delfino [8] o que Tango Bar es su penúltima película y El día que me quieras la última [9] (cuando es al contrario). En cuanto a sus fuentes, generalmente notas de prensa y artículos sobre el cantor en revistas y periódicos, recurre en varios asuntos a los escritos de Santiago Aguilar Oliver [10] en la revista Cinegramas, de donde toma y rehace las anécdotas del éxito con las mujeres, destacando el capítulo de la corona de laurel de oro regalada por una anciana que esperaba al cantor escondida dejado de la cama [11]; de Aguilar, también, toma la alusión a unos «padres» [12] y, ya referido anteriormente, que El día que me quieras figure como la última película que rodara. Otros episodios, cuya fuente no hemos podido localizar, y que no descartamos que puedan ser de la imaginación de P. de Somacarrera, son el relato de la noche de debut en solitario, ya separado de Razzano, en el teatro Astral [13], en la que Gardel está muy nervioso (y cuenta con el apoyo de un «protector» sin nombre con el que luego se va a emborrachar) cuando canta por primera vez Mi noche triste [14], aunque la letra que se transcribe pertenece a otro tango [15]; y la mención de Budapest y Estocolmo (con un concierto ante el rey Gustavo), lugares que Gardel no pisó (o aún no se tiene certeza de que lo hiciera), entre las ciudades en las que triunfó.

Hallamos dos capítulos relacionados con el cine, la materia predilecta del autor: el primero es el encuentro, en el tren a Tarrasa, del periodista con el actor Castel Rodrigo [16], quien habla de su amistad con Gardel desde «poco antes de la Gran Guerra», al que conoció en Rosario de Santa Fe, cuando coincidieron al hospedarse en una pensión de artistas en la calle Mitre, esquina a Córdoba. Rodrigo informa a P. de Somacarrera de que empezó a cantar «ya pasados los veinte años» no tangos, sino canciones criollas junto a Razzano en cafés y «en cines de barriada, vistiendo prendas de calle». Rodrigo cuenta algunas anécdotas, como el conocido suceso del disparo que recibió Gardel o la desconocida (tanto que suponemos invención del actor) en el que coincidieron como jurado de un concurso de baile de tango en Rosario. Uno de los datos que nos hace desconfiar de las aportaciones de Rodrigo es que este diga que trató diariamente al Mago «tres o cuatro años» en Rosario [17], algo imposible, hasta que se fue con Razzano a Buenos Aires, donde lo volvió a ver en 1917, en el café Imperial de la calle Corrientes. El actor apunta el cambio de suerte de Gardel en lo económico: «Ganaba el dinero con más facilidad y su popularidad comenzaba a tejer guirnaldas de gloria».

La segunda aportación, de mayor interés, es la breve trayectoria cinematográfica que hallamos en estas páginas. El autor comienza señalando una decepción y una revelación [18]:

La primera actuación de Gardel en el cine fue en La canción del gaucho. Me encontraba por entonces en Santander. Era en el verano de 1931. Una noche, al llegar a la redacción del periódico en que trabajaba, me encontré una tarjeta sobre mi mesa de trabajo. Era de un señor argentino, enviado extraordinario del diario La Época, de Buenos Aires. Una invitación para el cine Victoria, salón donde se proyectaba La canción del gaucho, cantada por Carlos Gardel.

Habíase hecho una extraordinaria propaganda. «Podrá usted oír su voz de oro», rezaban las gacetillas de prensa y los carteles murales.

Yo, al igual que los espectadores, quedé algo decepcionado viendo que Carlos Gardel no aparecía en la pantalla.

Pero la «reclame» había constituido un gran éxito de taquilla.

En efecto, Gardel atraía al público, y esto sucedía por su faceta de cantante, no de actor, que P. de Somacarrera define en sus primeras películas de «muy deficiente» y en el de Hollywood «de arte perfecto» [19]. No dejan de tener gracia sus comentarios acerca de que «se afeaba con los primeros planos»: «Era preferible no verle el rostro en primer término. [...] También cuando cantaba se ponía muy feo». Posteriormente, comenta brevemente su trayectoria en Estados Unidos y, al final, aporta un cuadro con los títulos, nombre del director, dialoguista, protagonistas y autores de la música.

Precisamente, la música es la segunda parte del libro, un cancionero que únicamente recoge la letra de los tangos y demás canciones de todas sus películas. Algunos títulos no son los originales, como en el caso de Sus ojos se cerraron que se nombra como El tango dramático.

Un año después de la publicación de este libro, a finales de 1938, la II República estaba perdiendo la guerra y Barcelona caería en manos de Franco en enero de 1939. Manuel Pérez de Somacarrera partiría a Francia, al exilio, donde continuará escribiendo críticas de cine en distintos medios como Cinémonde o Spectateur, entre otras muchas. Volvería a España, a Barcelona, ambas rotas por la guerra, en 1953 trabajando para el Servicio Internacional de Informaciones (FIEL) y publicará en distintas revistas; también colaborará en el proyecto CICOCA. En este regreso publicará Carlos Gardel: su vida y sus canciones (Ediciones Bistagne, 1958), al que hemos podido acceder fragmentariamente y al que añade más letras en el cancionero, aunque mantiene la misma información biográfica (y ficticia) de El ídolo roto.

NOTAS:

[1] Volvería, no obstante, a pisar esta ciudad en 1933, antes de trasladarse a París de inmediato tras desembarcar.
[2] En el diario La Nación (31-12-1932). Miguel Ángel MORENA (1985): Historia artística de Carlos Gardel. Corregidor, Buenos Aires, p. 148.
[3] Curiosamente, durante la Guerra Civil, las últimas películas de Gardel se exhibirían tanto en las ciudades de la zona republicana como en las ocupadas por Franco.
[4] La datación se realiza por la información dada por Mi revista, porque en el interior del volumen no aparece fecha alguna.
[5] Probablemente se trate de la tercera o cuarta biografía publicada en España tras su muerte. La circunstancia de la Guerra Civil hace que la calidad del papel sea mala y, como comentaremos más adelante, tenga información limitada a unas fuentes concretas. En cuanto a Barcelona durante la guerra, tomamos estas palabras de Andrés Trapiello: «hallarse lejos del frente, lo cual, y pese a los bombardeos, hizo de Barcelona una ciudad en la que muchos días de muchos meses podía pensarse que seguía siendo una ciudad de paz. [...] La potente industria editorial, la más importante del país, se puso al servicio de la propaganda republicana, en catalán y en castellano, y Barcelona, en muy poco tiempo, quedó convertida en la principal factoría de carteles, fascículos, libros y revistas». Andrés TRAPIELLO (2019): Las armas y las letras. Literatura y Guerra Civil (1936?1939). Austral, p. 429.
[6] Cito las cifras dadas en algunos diarios: Ahora y El heraldo de Madrid (6-2-1936: «una multitud de más de 20000 personas») o El Nervión de Bilbao (6-2-1936: «Veinte mil mujeres»), entre otros.
[7] En la edición del 8 de julio de 1935 de La voz (Madrid) se publica que Carlos Gardel era el «pseudónimo de "Charles Garde"». En la revista francesa Paris-soir, en su edición del 22 de julio de 1935, también se publica «Garde» como el apellido real de Carlitos y de su madre. Lo real es que era Gardes.
[8] Armando Defino, en verdad. Escribe, además, que fue el pianista que le acompañó en su debut. No hemos encontrado de dónde toma esta información.
[9] Hemos hallado en diarios y revistas españoles que El día que me quieras aparece como la última película de Gardel, por ejemplo en Democracia o en Cinegramas. Como indicamos más adelante, creemos que toma esta información de los artículos de Santiago Aguilar.
[10] Sobre Santiago Aguilar Oliver y Carlos Gardel he escrito en la revista El coloquio de los perros: https://elcoloquiodelosperros.weebly.com/artiacuteculos/santiago-aguilar-y-carlos-gardel-el-espanol-que-supo-que-el-rey-del-tango-era-frances
[11]Santiago AGUILAR (1935): «Carlos Gardel. El último ídolo de las mujeres» en Cinegramas, 43 (7-7-1935).
[12] Santiago AGUILAR (1935): «Carlos Gardel. Su vida novelesca y su muerte trágica» en Cinegramas 42 (30-6-1935).
[13] P. DE SOMACARRERA (1931): «Carlos Gardel a su paso por Barcelona... Nos habla de su vida, de su excursión por América y de sus inquietudes cinemáticas» en Films Selectos 63 (24-12-1931), pp. 12 y 24. El autor recoge elementos de esta entrevista, como el Teatro Astral de Buenos Aires o la referencia a la Cumparsita (Comparsita en el libro) como el tango que le consagró. Este capítulo es una buena demostración de que no se puede tomar al pie de la letra todo lo que dijo Carlos Gardel sobre sí mismo...
[14] Recordemos que la primera vez que canta tango, y en solitario, y precisamente este tango, es aún formando parte del dúo con Razzano, en 1917.
[15] P. de Somacarrera transcribe la primera estrofa del tango Así es, compañero de Alejandro Scarpino y Francisco Barroncello con el título de Mi noche triste.
[16] De la poca información que hemos encontrado sobre él: actor argentino, protagonista de la película Amor en maniobras y con papeles secundarios en Barrios bajos y Como quieras. Su pista se pierde durante la Guerra Civil.
[17] Miguel Ángel Morena en Historia artística de Carlos Gardel indica que el dúo Gardel-Razzano estuvo en Rosario, Santa Fe y Córdoba entre junio y septiembre de 1914. Si coincidió con Rodrigo, serían «tres o cuatro» meses, pero parece que el actor, como muchos harían tras la muerte de Gardel, exageró, en este caso, el tiempo de tratarlo, como para justificar una amistad que no debió existir como tal. Rodrigo, más adelante, dirá que Gardel iba con dos guitarristas Ricardo y El Negro, lo que es una evidente confusión, porque el apodo de Ricardo era Negro. Otra opción es que el biógrafo errara.
[18] En la entrevista que P. de Somacarrera le realizó en 1931 para Films Selectos, Carlos Gardel responde así a la pregunta de si Luces de Buenos Aires es su primera película: «Puede decirse que sí, aunque intervine con anterioridad en "La canción del gaucho", el primer film de costumbres argentinas realizado en mi patria y en el que solamente se oye mi voz, sin que aparezca como actor». Esta información complementa lo que el autor relata.
[19] De nuevo, P. de Somacarrera se inspira en Santiago Aguilar, quien había dicho esto mismo sobre el Gardel de Hollywood en el nº 43 de Cinegramas.

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