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sábado, 18 de enero de 2020 - 23:23 h

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Lourdes Pérez Moral

Las majestades de Occidente

José Manuel Jiménez Migueles

El agua de la Fuente del Río

Antonio Moreno Hurtado

El agua de la Fuente del Río

08.01.20 - Escrito por: Antonio Moreno Hurtado

Pese a la conocida riqueza de agua del término municipal egabrense, las fuentes controladas por el Concejo. a principios de la Edad Moderna, no eran muy numerosas. En las proximidades de la población, a finales del siglo XVI, se localizaban la llamada Fuente del Álamo, la Fuente de San Juan, la Fuente del Río o Nacimiento y la Fuente de las Peñas o de las Piedras. No obstante, existían otros nacimientos o veneros de menor importancia, que solían ser de uso público.

En un Cabildo de fecha 24 de diciembre de 1582, se acordó "adobar la fuente desta Villa desde el Nazimiento, de todo punto e se dé quatro ducados a las personas que la adobaren bien fecho".

El primer documento escrito conocido sobre una conducción de agua desde la Fuente del Río hasta Cabra es de finales del siglo I o comienzos del II de la era cristiana. Se trata de una lápida de mármol rojo, hoy desaparecida, que, a principios del siglo XX, se encontraba en una sala baja de la casa señorial de los Fernández de Córdoba, en la calle del Bachiller León.

Según Nicolás Albornoz, que la llegó a conocer, "es de mármol encarnado y mide metro y medio de ancho por dos y medio de largo, estando ya completamente pulida, pues hasta tiene rasgos de haber sido imbécilmente picada su área epigráfica, estando sólo claros a la vista, los filetes y medias cañas que, como adorno, tiene a su alrededor".

La inscripción original decía: AQVAM / AVGVSTAM / M(arcus) CORNELIVS A(uli) F(ilius) NOVA[tus?] / BAEBIVS BALBVS / PRAEFECTVS FABR(um) / TRIB(unus) MIL(itum) LEG(ionis) VI / VICTRICIS [pi]AE [feli]/CIS FLAMEN PROVINC(iae) / BAETICAE PERDVCENDAM / D(e) S(ua) P(ecunia) CURAVIT
Emil Hübner leyó la lápida hacia el año 1865 y transcribió

AQUAM AUGUSTAM M-CORNELIUS // AI // NOVA BAEBIUS BALVUS-PRAEFECTUS FABR- TRIB-MIL-LEG-VI-VICTRICIS-AE- CC-PFLAMEN-PROVINC-BAETICAEPERDUCENDAM
D-S-P-CURAVIT (CIL,II,1614)

Se trata de un texto conmemorativo de la construcción de un acueducto, conocido como "Aqua Augusta", costeado por el sacerdote del culto imperial de la Bética, Marco Cornelio Novato Bebio Balbo, hijo de Aulo, prefecto del colegio de los ingenieros, tribuno militar de la Sexta legión vencedora, pía, feliz. Flamen de la provincia bética.

Se trata, probablemente, de la primera conducción hecha por el hombre para traer el agua de la Fuente del Río hasta la ciudad de Cabra. (Hübner, CIL II, 1614)
Hace unos años, la lápida fue reproducida en mármol rojo de Cabra y se encuentra en los jardines de la Fuente del Río.

Por otra parte, en las Ordenanzas municipales de 1593 se dice que de la Fuente del Río "se tome una caña de agua para los molinos del pan y que, del agua que sobrare, se tome un hilo de agua para los atanores que suben al castillo y fortaleza de esta villa".

Esta conducción y el camino que iba junta a él se iban a conocer, en adelante, como el "cauz" o el "caz".

De la Fuente del Río salían, casi juntas, una acequia y un cauz, que venían al aire libre entre las huertas de la senda de Enmedio, hasta el Arquilla o depósito que había a la entrada de la población, junta a la actual Plaza de Abastos.

La acequia desembocaba en el Arquilla del agua y en el trayecto que iba sin cubrir no se podían "lavar paños, nabos u hortalizas", según indican las Ordenanzas de 1593. Los ganados tampoco podían beber en ella, ya que era para consumo de los vecinos.

El Cauz llevaba el agua para los molinos de aceite y se ordenaba que en él "no se lave ropa... que no se laven bacines ni entren los puercos en él". Esta canalización y camino tomarían, con el tiempo, el nombre del Caz.

A partir del Arquilla, el cauz bajaba enterrado hacia la Plaza Baja o Vieja. Del Arquilla del agua salía también una cañería que bajaba por la calle de San Marcos e iba a alimentar la fuente de San Martín y la de la Plaza Baja, camino del castillo.

La sobrante del castillo se conducía al convento de Capuchinos para su consumo.

La fundación del convento de Madres Agustinas Recoletas supone, además, la solución del problema de abastecimiento de agua de buena parte de la población. En el año 1713, el clérigo don Juan Francisco Gómez Seto costeó una cañería que bajaba directamente desde la Cruz del Atajadero hasta el convento agustino, bajando por toda la calle de Priego.

La cañería se abastecía de la acequia que venía de la Fuente de Río y llegaba hasta la arquilla que había junto a la actual Plaza de Abastos.

En la Cruz del Atajadero se iba a hacer una arquilla para regular la salida del agua hacia el convento.

De esta cañería se aprovecharon pronto el convento de Santo Domingo y algunos vecinos, así como el propio Concejo local, que construyó una fuente, llamada de las Cadenas, en la placeta de las monjas y que, en adelante, serviría también para el abastecimiento normal de esa parte de la localidad.

Pero, al cabo de unos años, el Cabildo egabrense decidió acometer una gran obra de saneamiento del agua de consumo destinada a los vecinos.

Desde el Nacimiento o Fuente del Río, el agua iba en un cauz al aire libre hasta la Cruz del Atajadero, desde donde bajaba, ya dentro de una cañería bajo tierra, hasta el convento de monjas agustinas, como hemos indicado.

Ahora se trataba de hacer una cañería que llevara el agua potable desde la Fuente del Río hasta la Cruz del Atajadero, así como renovar y ampliar la del convento para un uso general en fuentes e instituciones.

En un expediente del Archivo Municipal podemos seguir el proceso, que duró más de tres años en una primera fase. (legajo 217, exp. 8. años 1745-48. Autos para la realización de obras de conducción de agua desde la Fuente del Río hasta el pueblo)

En el año 1745, el Maestro Mayor don José Jiménez de Valenzuela remite un Memorial al duque de Sesa, don Francisco Javier Fernández de Córdoba. Dice que "con el menor gasto [del que] se ofrece en los reparos y aderezos de las cañerías... que conducen el agua, así a las fuentes del Palacio de V. E. como a los Padres Capuchinos y los demás conventos desta villa y las fuentes que están a cargo del Cabildo y Regimiento della". Afirma que "para mirar por el común se debe obrar" y evitar "las muchas enfermedades que son las que ocasionan el poco aseo y limpieza. Siendo así que Dios Nuestro Señor nos dio el agua tan pura en el nacimiento de la Fuente del Río, que por su abundancia no la sabemos estimar y agradecer a el Creador".

Añade que, en el camino al aire libre "esta se inficiona y corrompe, no solo de los ganados por no tener freno si[no] también por las muchas avenidas del Camino de Priego, rompiendo los conductos, llenándolos de lima y otras inmundicias, causando muchos gastos para dar el agua a sus caños y a las acequias que riegan las huertas. Y no es el menor gasto para dar el agua a el molino de aceite de V. E., que estas avenidas causan parada a dicho molino. Y para reparar estos daños y gastos tan repetidos, es menester, si V.E. lo determina, el escañar el agua desde su nacimiento y unirla con la cañería de las Monjas Agustinas, que don Juan Seto costeó. Y seguir a las demás estaciones. Que siendo el beneficio común a todos los individuos el agua correspondiente, deben concurrir así por lograr en todo tiempo el agua con limpieza, como por los continuos gastos que se ofrecen en los reparos cada día".

El Memorial finaliza así: "Esto propuse a V.E. siendo Correxidor don Francisco Fernández de Córdoba y mandó V.E. se hiciera, más es ordinario [en] esta Villa no tomar a su cargo el bien común. Si V.E. lo determina, enviará Orden al Corregidor para que se prorratee el gasto, que serán en 1.290 varas de distancia, de toda costa, con los subientes y arcas, mil y quinientos ducados". Firma Joseph Ximénez de Valenzuela.

El duque pide información, desde Madrid, el 28 septiembre 1745, a su Contaduría Mayor.

Los contadores (Baena, 20 octubre 1745) informan que la obra es necesaria, que se ha intentado con anterioridad, pero no se había podido realizar por falta de medios. Se propone "conciliar a los principales interesados", para que aporten la cantidad necesaria para el "beneficio común". Que el duque resuelva. Firman Magaña y Luis Antonio de Priego.

A continuación, el duque comunica al Corregidor de Cabra que se "disponga la fábrica que se pide a costa de la villa y de las comunidades a quienes corresponda el beneficio".

Con fecha 31 de octubre de 1745, desde Baena. los contadores del duque trasladan la decisión de este al corregidor, el licenciado don Diego Luis de Tovar y Castro.

El día 9 de noviembre de 1745, el corregidor dicta un Auto, ante el escribano Lucas Cantero Hurtado, por el que se inician los trámites para la "fábrica" de la cañería "en beneficio de la salud pública". Se ordena que se hagan públicos los Autos para que "las personas que pretendieren tomar agua del Arca común que se ha de hacer... para su repartimiento general, acudan ante el infra escripto escribano a manifestar el agua que cada uno necesitase, para que, en vista de ellos, se pueda tomar la delineación conveniente".

Se hacen los pregones en los "sitios más públicos" de la Villa, es decir, en la Plaza, en la placeta del convento de Agustinas, en la puerta del convento de San Juan de Dios, en la plaza (del convento) de San Martín y en las puertas del convento de Santo Domingo. Firma el escribano Lucas Cantero Hurtado. Pero surgen ciertas dificultades y la obra no progresa.

El día 18 de enero de 1747, Jiménez de Valenzuela se dirige de nuevo al duque para, entre otras cosas, "procurar el aumento de bienes de la hacienda" ducal.
También propone "la suspensión de la obra de la Fuente del Río y sus cañerías, tan precisas al bien del pueblo y de la hacienda de S. E., estando prevista una calera por el Corregidor de esta Villa y mucha piedra capaz para la formación de dicha obra", porque, añade: "debo decir (que) no falta oposición y malos consejeros en esta Villa para que no se logre el fin del servicio de V.E. y de este pueblo, que desean todos gozar de ese beneficio y concurrir a sus gastos". Le han encargado que lo comunique al duque para que resuelva.

El día 18 de abril de 1747, el duque indica al Corregidor que se va a pedir al Real Consejo que "conceda algún arbitrio". Para ello le adjunta un decreto que se ha de leer en Cabildo.

En el decreto del duque, de 18 de abril de 1747 se dice que "informado de la necesidad de que la obra de la conducción del agua de la Fuente del Río para el uso público de mis vasallos y que los Propios que tenéis no alcanzan para estos gastos... os mando que os juntéis en vuestro Ayuntamiento y confiriendo el medio más suave y oportuno de arbitrio o imposición, me lo representéis con vuestro dictamen, para que yo resuelva el modo y circunstancias con que se haya de pedir la licencia al Real Consejo". Dado en Madrid, a 18 de abril de 1747.

Al pie: "Para que la Villa de Cabra proponga algún arbitrio para la conducción del agua de la Fuente del Río".
El día 2 de mayo de 1747, el duque aprueba la propuesta del Cabildo de cobrar un real en cada fanega de trigo que se saque del Pósito. Ordena que el Cabildo haga la súplica al Real Consejo, "justificando debidamente la necesidad de esta obra".

El día 24 de enero de 1748, el duque, desde Madrid, pide informe, "con toda individualidad" sobre el asunto de la obra, a don Pedro Leonardo de Alcalá Galiano, su Contador en Cabra.

Días después, Galiano opina que conviene continuar la obra de la Fuente del Rio y que el Corregidor puede hacer la obra "a menos coste que otro cualquier particular, aprovechándose de los tiempos que los vecinos no tienen que hacer y con corto socorro los puede llevar a trabajar". Sugiere que "los señores de posesiones concurran" con sus aportaciones al gasto de la obra.

El día 22 de marzo de 1748, el duque ordena al Corregidor que continúe la obra de la Fuente de Río y que la ejecute de acuerdo con las Leyes del Reino que tratan de las utilidades de los pueblos. El Corregidor sigue siendo don Diego Luis de Tovar y Castro.

En una carta, sin fecha legible, de mediados de ese año, dirigida al duque por Manuel Bautista, maestro de cantarero de la villa de Cabra, reclama que hace dos años que don Diego Luis de Tovar y Castro, corregidor que era en aquel tiempo, mandó hacer al suplicante unos caños para la Fuente del Río. Parece que no sirvieron y no se le pagaron. Anteriormente, ya había solicitado al duque que ordenara al Corregidor que se los pagaran y no lo hizo.

Ahora insiste, por hallarse sin poder trabajar por su crecida edad, "con el cargo de mantener a su mujer, de edad de 70 años y una hija doncella". Debe dos años de alquileres y ha tenido que vender la tierra para no ir a la cárcel. También ha tenido que arrendar su huerto.

En Cabra, el día 18 de septiembre de 1748, don Diego Luis de Tovar y Castro informa al duque que hicieron falta 240 caños "de marca mayor" y no servían los que había hecho el cantarero. Firman Tovar y el escribano Martín Campisano [Manzano].

El nuevo Corregidor era ahora el licenciado don Antonio José de la Vega y Loaysa.

Siguen cuatro páginas casi ilegibles, con un nuevo informe del anterior Corregidor, de 13 de octubre de 1748. Parece que los caños estaban "mal cocidos... con rajas y caliches". Pero el duque había ordenado que se los aceptaran y pagasen.

Tovar rechaza, también, algunos argumentos del suplicante. Se cita un informe del don Pedro Alcalá Galiano sobre este tema. Se aclara que el pueblo había costeado la calera y pagada mucha leña.

Que se había usado pólvora y picos para "desembarazar los nacimientos de las aguas".

Que había estado enfermo el año anterior y que, en su ausencia, se habían llevado toda la cal y piedra a la obra del Pósito, en que las consumieron los diputados sin dar cuenta de ello. Pide que lo confiesen.

Desde Madrid, el día 22 de octubre de 1748, el duque ordena que se entregue a su Contaduría Mayor el recibo del cantarero Manuel Bautista de "los arcaduces que hizo para la conducción del agua de la Fuente del Río y que se guarde en el Archivo y se le de cuenta".

Había ordenado que los pagara el anterior Corregidor. Ahí finaliza el expediente.

No se conservan Actas Capitulares de los años de 1741 a 1753, por lo que no se pueden seguir las incidencias de las obras a través de las mismas.

Pero el proyecto no iba a desarrollarse en su totalidad hasta muchos años después.

A principios del año 1748, la obra se detuvo casi en la misma Fuente del Río, con lo que los vecinos no pudieron beneficiarse todavía de la misma.

Y es, precisamente por entonces, cuando el corregidor, que intuye que está a punto de ser cesado de su cargo, decide "inaugurar" lo que ya está hecho. De manera que encarga a un cantero local la talla de una lápida grande de mármol rojo con la que perpetuar su labor.

La pieza mide 1,37 m. de largo y 1,03 m. de ancho.

El texto de la lápida es el siguiente:

"SE HIZO ESTA OBRA DE MAND / ATO DEL EXMO. SEÑOR DUQUE / DE SESSA Y BAENA SIENDO / CORREXIDOR DON DIEGO LUIS / DE TOVAR Y CASTRO Y DIPUTADO / DON JUAN DE BENAVENTE Y / SALZEDO. AÑO DE MDCCXXXXVII"

Señalaremos algunos datos de las personas que se citan en la misma.

El licenciado don Diego Luis de Tovar y Castro, abogado, era Corregidor de Cabra desde el año 1745. Cesó en 1748, siendo sustituido por el licenciado don Antonio José de la Vega y Loaysa.

Don Juan de Benavente y Salcedo, regidor y diputado para esta obra, nació en Cabra en el año 1684. Era hijo del regidor don Francisco Antonio de Benavente y Quiñones y de doña Paula Merino de Lastres. Vivía, con su familia, en la calle Empedrada.

Hijo suyo fue el capitán don Francisco de Benavente Salcedo Merino y Lastres, casado con doña Rosa Calderón de la Barca.

Hermana de Juan fue doña Teresa de Benavente y Salcedo, nacida en Cabra en el año 1696. Murió soltera, en 1781. Fue Camarera de la Virgen de la Soledad.

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