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De Mezquita a Parroquia (I)

03.10.20 - Escrito por: Antonio Moreno Hurtado

Apenas hay referencias documentales directas a las diferentes obras realizadas en la iglesia de la Asunción desde sus orígenes como templo visigodo y mezquita árabe hasta bien entrado el siglo XVII.

Nuestra aportación consiste en recoger una serie de citas dispersas que pueden permitir la reconstrucción del proceso.

Se trata de datos sueltos tomados de los libros de Visitas Generales y Cuentas de Fábrica de la iglesia de la Asunción, de la Sección de Visitas Generales del Archivo General del obispado, de los protocolos notariales de Cabra, documentación varia del archivo municipal de Cabra y diversas referencias en las obras de don Juan de Vega Murillo (1668),don Juan Gómez Bravo (1739), don Narciso García Montero (1750), don José del Carpio Montilla (1893), don Pedro Pedrosa García y don Manuel Nieto Cumplido, entre otras fuentes.

La actual iglesia de la Asunción había sido la sede de la iglesia cristiana que rigieron los obispos egabrenses, entre los siglos I y VIII de nuestra Era. Un templo del que no se conservan restos y que pudo tener una disposición similar a la actual, aunque de un tamaño mucho menor. Orientado hacia el este, por necesidades de tipo estructural, estratégico y político, tendría a todo su alrededor un considerable espacio abierto, un lugar ideal de mercado y de reunión de los vecinos para sus asambleas y celebraciones. Era bueno, también, que diera frente a la Puerta o Arco de Villa, entrada oficial a la población por entonces. Una posición que no cambiarían los árabes al convertir el templo cristiano en mezquita árabe.

De modo que los árabes, durante los cinco siglos que ocuparon Cabra, mantuvieron la forma del edificio visigodo, que dividieron en tres naves, separadas por columnas. La mezquita, pues, tendría la forma y tamaño que ocupan las tres naves centrales de la iglesia actual, con sus límites en el comienzo del coro y el inicio del graderío del actual presbiterio.

La recuperación de Cabra por el rey Fernando III el Santo fue en el verano de 1240. Un proceso en el que no hubo lucha ni asedio, sino que fue el resultado de una negociación en la que los gobernantes árabes de Cabra accedían a devolver el control al monarca a cambio de una serie de garantías sobre su permanencia en la localidad y la conservación de sus bienes y algunos de sus privilegios.

De manera que, cuando la cristiandad recupera la villa de Cabra, se encuentra con una mezquita de planta rectangular, de tres naves sobre columnas, con su puerta mirando a Oriente, como era habitual en ese tipo de templos.

Según las crónicas, el Rey Santo ordenó al obispo cordobés don Lope de Fitero purificar la mezquita, como había hecho dos años antes con la de Córdoba, para adaptarla a los ritos cristianos. Como era su costumbre, la nueva iglesia cristiana tomaría el nombre de Santa María y Ángeles, especial devoción del monarca.

El espacio estratégico que ocupaba la mezquita, en un lugar destacado de la Plaza Alta, entre el castillo de los condes y la calle Mayor, hizo que, en un principio, se descartara la idea habitual de modificar la orientación del nuevo templo, dirigiéndolo a Occidente, para significar que ya había llegado su Redentor.
Su entrada y fachada principal estaba en la confluencia que formaban la calle que bajaba del castillo con la calle Mayor, mucho más ancha por entonces, frente a la Puerta o Arco de entrada oficial a la Villa de Cabra.

Don Pascual Madoz afirma que la Orden de Calatrava ordenó, luego, levantar un templo gótico sobre la antigua mezquita, algo que puede ponerse en duda, ya que la estructura básica de la iglesia actual mantiene el esquema de la mezquita árabe, a la que se añadió pronto un crucero de planta cuadrada para presbiterio y altar mayor. Más adelante, se fueron añadiendo dos naves laterales más, con el mismo tipo de soportes y columnas, desde finales del siglo XV y a lo largo del siglo XVI.

De modo que los nuevos gobernantes cristianos decidieron, en un primer momento, construir un ábside de planta cuadrangular en la cabecera oeste de la nave central de la mezquita. Un espacio que integraba el presbiterio y el altar y que sobresalía del resto del templo. Así continuaría la iglesia durante más de dos siglos, con una serie de retoques que le dieran una imagen cristiana.

Algunos documentos nos dicen que, a mediados del siglo XV, ya había un coro alto con un órgano sobre la puerta principal, al que se accedía por una escalera que estaba a la izquierda, entrando a la iglesia. En el lado opuesto de la puerta de entrada se hizo una primera capilla dedicada a Nuestra Señora de la Antigua.

Según Vega Murillo, en su tiempo (hacia el año 1668), todavía se conservaba en la parte interior del arco de esta capilla la inscripción "Esta capilla y entierro fundó Gonzalo Rodríguez de Cáceres, primero Alguacil Mayor que fue de la villa. Año de 1466". El siguiente patrono fue su hijo Bartolomé Sánchez de la Cruz.
A mediados del siglo XV ya había un primer retablo de madera dorada y policromada en el ábside de la iglesia. Un conjunto de talla e imaginería, con cinco órdenes, en cuyo centro se encontraba un lienzo grande sobre tabla con la imagen de Nuestra Señora de los Ángeles, titular de la iglesia.

Esta tabla, de gran interés artístico, se conserva hoy en el testero de la sacristía alta, junto a la puerta oeste de la iglesia.

La gran obra de ampliación de la iglesia, iniciada a finales del siglo XV, se realizó con la autorización del obispo don Íñigo Manrique que fue testigo, durante su mandato, de la toma de Granada, la expulsión de los judíos y el Descubrimiento de América. Se trataba de ampliarla, en lo ancho y en lo largo, en un terrero inclinado, con pocas garantías de cimentación. Se iniciaría en la parte sur de la iglesia, en el lateral de la calle Mayor, añadiendo una nave nueva y colocando una hilera de columnas en sustitución de lo que había sido su muro exterior. La fragilidad del terreno, con una base de arcilla y una marcada inclinación hacia la Puerta de la Villa, hacía difícil la ampliación de la iglesia hacia adelante. Había que rellenar mucho y garantizar la estabilidad de la obra nueva.

Unos trabajos que iban a durar casi un siglo, con intervención, al principio, de los obispos don Francisco Sánchez de la Fuente y don Juan Rodríguez Fonseca, que pasó a ser obispo de Palencia a comienzos del año 1505.

El día 26 de noviembre de 1504 había fallecido la reina doña Isabel la Católica, en un invierno muy lluvioso en toda Andalucía, que impidió la siembra en los campos, por lo que en el año 1505 no hubo cosecha de granos y otros productos esenciales.

Por otra parte, el año 1506 fue muy estéril y la gente pasó mucha hambre. Para colmo de males, en 1506 y 1507 hubo epidemias de peste en la provincia de Córdoba. Sin embargo, en esta situación de caos económico y social, la obra de la Asunción seguía adelante.

El obispo don Juan Daza y Osorio (1505-1510) tuvo que hacer frente a los ataques del conde de Cabra y otros señores por cuestiones de competencias.
En el año 1508, el regidor Pedro López de Rute y sus hermanos Juan Alguacil y Antón de Pareja fundaron capilla a Santiago Apóstol, en la que fuera primera capilla de la Antigua, a la derecha de la primitiva puerta de entrada.

Por su parte, Pedro Fernández de Atienza y sus hermanos Bartolomé Sánchez, Alonso López y Juan López de Atencia, harían lo mismo, dedicándola a Santa Catalina Mártir, al otro lado de la puerta de entrada.

Un dato interesante lo da el testamento de Pedro Fernández de Córdoba, otorgado el día 10 de octubre de 1510 ante el escribano Pedro Sánchez de la Cruz, mandando que su cuerpo fuera depositado en la iglesia de Santa María, la mayor de Cabra, en una de las cuatro sepulturas inmediatas al altar de los Santos Cosme y Damián "ya comenzado", y que luego se le enterrara en un arco de la pared en medio de la Iglesia "en la nave nueva que se hacía".

El siguiente Obispo, don Martín Fernández Angulo, pudo ver la obra de levantamiento de la nueva nave Sur de la iglesia de la Asunción y la apertura de una puerta principal en este costado, frente a la calle Mayor.

En el año 1518 consta que ya estaba terminada la nave de la fachada sur, pues en ese año fundó capilla Antonio de Baena y Herrera en la cabecera de dicha nave, contigua a la capilla de los Atienza. Se dedicaría, de nuevo, a Nuestra Señora de la Antigua. Se conocía vulgarmente como la capilla de los Enríquez. En el arco de entrada a la misma estaba el escudo de armas de los Herrera. Hoy ocupa esta capilla la imagen de Jesús Preso.

El de 1521 volvió a ser un año de suma esterilidad. En ese año se cerró la puerta antigua de la iglesia, derribando su fachada y haciéndola retroceder unas varas para dar mayor amplitud al presbiterio. Por ese motivo, la antigua capilla de la Antigua, propiedad de los Cáceres y los Fernández de la Cruz, también se adaptaría a ese espacio, ahora dedicado al Apóstol Santiago. Desde el año 1521 sería su patrono Hernán Gómez de Cáceres. Más adelante, en el año 1541, el Vicario Diego Fernández de la Cruz y Cáceres, fundó en ella y agregó una capellanía; después, en el año 1551, el licenciado Alonso Fernández de la Cruz y Cáceres, presbítero, fundó otra capellanía. Los tres eran hermanos, nietos del fundador de la referida Capilla. Según crónicas antiguas, en esta capilla había un cuadro grande de Nuestra Señora de la Antigua, en el que aparecían las figuras del Vicario y de su hermano don Alonso, presbíteros, que sería reproducido en otro de 1788, con la inscripción "Pinxit Frai Antonio Garofano en la Merced Calzada de Ecija, año de 1788".

Por esos años hay noticia de la presencia en estas obras del arquitecto Hernán Ruiz I.

Los años de 1535 y 1536 fueron de gran sequía y epidemia de peste. Siendo ya obispo don Pedro Manrique (1537-1540), hubo una gran sequía en su último año de mandato.

Los Cabildos del Concejo egabrense se habían venido celebrando en la torre de la Puerta o Arco de la Villa, en cuyas dependencias estaba la Sala Capitular.
De ahí que la Puerta o Arco de la Villa se conociera también como "la Torre del Cabildo". La Puerta de la Villa se había venido deteriorando a causa de un fallo de sus cimientos. En el acta capitular del miércoles, 27 de agosto de 1539, se acuerda "adobar la torre del Cabildo como otras veces". Se delega en el regidor Bartolomé de Valera y en el jurado Pedro Fernández Atencia para hacer el seguimiento de la obra, para la que se conceden 20 ducados "para empezar".
En el Cabildo del martes 13 de enero de 1545, presidido por el Alcalde Mayor don Juan de Cervantes, se denuncia que la torre necesita ser reparada, porque "llueve y entra el agua en ella".

Esto obligó a que varias reuniones del Cabildo se celebraran en la residencia que tenía el Alcalde Mayor en Cabra, conocida como la "Posada del Alcalde Mayor". Un edificio que usaba para sus estancias en Cabra, para presidir los Cabildos u otros actos.

Acabada ya la primera fase de las obras de la iglesia, su continuación iba a iniciarse bajo el mandato de fray Leopoldo de Austria (1541-1557). Pero el clima seguía siendo adverso. 1545 fue un nuevo año de sequía y hambre. El de 1548 fue un invierno muy seco, lo que promovió abundantes procesiones y rogativas populares en toda la diócesis.

La torre del Cabildo seguía dando problemas, de manera que, el día 10 de noviembre de 1550, don Gonzalo Fernández de Córdoba, duque de Sesa y conde de Cabra, donaba al Concejo local unas casas que tenía en la Plaza Baja, al pie del castillo, para construir "una casa pública para los cabildos y audiencias ordinarias de las Justicias y para Cárcel de algunas personas nobles, vecinos della". Además, el Concejo compró una casa lindera, con lo que se pudo hacer un edificio amplio, en cuyos bajos se dispusieron cinco locales para arrendar preferentemente a los escribanos locales.

Una vez terminadas las nuevas Casas del Cabildo, la torre de la Puerta o Arco de la Villa se destinaría a Cárcel de los Caballeros.

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