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Pasatiempos con beneficios para nuestra salud mental

11.10.20 - Escrito por: Redacción / IFEEL

Inmersos en la segunda ola de la pandemia de la Covid19, los confinamientos se repiten por todos los puntos de España. Ante este panorama, el equipo de psicólogos de Ifeel ha recopilado diferentes actividades para hacer en casa detallando qué beneficios tiene cada una sobre nuestra salud mental

1. Jardinería: responsabilidad, paciencia y bienestar interior
Poner nuestra atención, tiempo y cariño en el cuidado de cosas, animales o personas es muy beneficioso para nuestro bienestar interior. La naturaleza puede ser también un escenario muy propicio para esto. Cuidando de nuestro jardín, nuestro huerto o nuestras macetas de una manera consciente y poniendo atención a lo que estamos haciendo podemos promover un ritmo interior orientado al crecimiento, la observación reposada, la paciencia y la amabilidad. No es necesario tener conocimientos avanzados sobre biología. Como sucede con las actividades artísticas, ocuparnos de una planta, unas flores o cultivar nuestros propios vegetales si disponemos del espacio para ello hace que nuestro mundo interior no se encasquille en las preocupaciones, sino que a través de una actividad productiva permite que movilicemos nuestros pensamientos y nos proyectemos de manera pausada pero con constancia en algo que nos conecta con la vida y no solo con nuestras rumiaciones. Esto no va a hacer milagros, pero puede convertirse en un anclaje beneficioso en momentos de tristeza, agitación interior, aburrimiento o desconcierto. También para aprender a sobrellevar mejor la lentitud y los resultados que requieren de un proceso lento para aparecer.

2. Bricolaje enérgico: antiestrés y autoeficacia
Las posibilidades de restaurar, tapizar, lijar, serrar, pintar o montar en el entorno doméstico son infinitas. En casa tenemos un universo entero a nuestro alcance para combinar ingenio y habilidades con una buena descarga de energía a través del movimiento de los brazos. Este tipo de actividades pueden llegar a aportarnos unas cuantas horas de actividad física, son entretenidas y aportan una gran sensación de satisfacción con uno mismo. Muchas veces estamos acostumbrados a que sean otros quienes arreglan por nosotros las cosas de la casa y muy a menudo se debe a que no nos sentimos capaces de llevar a cabo esas tareas más artesanales. Realizarlas por nosotros mismos nos puede aportar una agradable sensación de autonomía y nos ayudará a vernos como personas hábiles y "apañadas", lo cual resulta muy beneficioso en cuanto a nuestra autoestima. No es necesario que lo hagamos solos, contar con ayuda y compañía siempre lo hará más ameno.

3. Costura: creatividad, atención y planificación
La costura es una actividad ancestral y muy versátil que resulta de gran utilidad cuando la mente está muy dispersa. Además, permite potenciar la motricidad fina y la precisión y es muy entretenido. Se trata de una actividad que combina dos cosas muy buenas: tiene muchas variantes y no es solo artística sino también útil. Se pone en marcha la capacidad para planificar, pues un jersey, una bolsa de tela o un panel de punto de cruz no se improvisan, requieren una estrategia que hay que pensar previamente. También se ejercita la atención, para asegurase de que se va por el buen camino. La costura bien hecha requiere una mente analítica (capaz de ir al detalle) y atenta a lo que se está haciendo. Según cómo se plantee se puede potenciar el cálculo, la visión espacial, la paciencia, la imaginación, la flexibilidad para encontrar recursos y soluciones a puntadas imprevistas y, por supuesto, la faceta más artística y creativa.

4. Genealogía: memoria y refuerzo de vínculos familiares
¿Te has planteado alguna vez de dónde viene tu familia? Dibujar un árbol genealógico es una manera de descubrirlo al tiempo que encontramos otros beneficios para la salud mental. Se puede hacer hasta donde uno mismo recuerde, pero será un ejercicio mucho más profundo si se hace investigando un poco más allá: preguntando a parientes, sobre todo a aquellos más ancianos, acerca de las ramas que faltan y que ellos tienen más cercanas. Si el ejercicio te gusta, en cuanto puedas desplazarte puedes lanzarte a los archivos civiles y parroquiales. Dibujar tu árbol genealógico e investigar al respecto no solo ayuda a quemar el exceso de tiempo libre, sino que configura mentalmente tu mapa familiar, la historia de la que formas parte, fortaleciendo la sensación de vínculo con tus ascendentes y descendientes y de proyección tanto hacia el pasado como hacia el presente.

5. Escritura creativa: capacidad de síntesis e imaginación
Escribir es un ejercicio que puede convertirse en una rutina muy estructuradora del día a día. Más allá de una novela, los microrrelatos, ensayos o diarios son formatos más sencillos y adaptables que nos ayudan a ejercitar la imaginación y la capacidad de observación de lo que nos rodea. Se practica además la habilidad para sintetizar contenidos complejos en formatos muy sencillos. Además, otorga la oportunidad de generar pequeñas obras de arte en medio de una situación bastante gris, lo que suele reconfortar. Si la creatividad es más poética que narrativa siempre se pueden sustituir los microrrelatos por los haikus, los pequeños poemas japoneses de 3 versos.

6. Puzles: paciencia y tolerancia a la frustración
Los puzles o rompecabezas son de los juguetes más antiguos que existen y son adecuados prácticamente para cualquier edad. Además del consabido entretenimiento, entregarse a estas construcciones puede ayudar a potenciar capacidades cognitivas y emocionales que tienen que ver con lo espacial pero también con la contención, el saber esperar, aguzar diferentes sentidos a partir de la observación y plantearse una tarea más o menos compleja dividiéndola en secciones asumibles. Si se comparte un puzle con otra persona puede dar lugar no solo a la satisfacción del trabajo en equipo sino también a un rato agradable junto a las personas que te rodean.

7. Lectura a mayores: intercambio de afecto, cohesión social y habilidades comunicativas
La pandemia dificulta la atención a muchos mayores afectando directamente a la parte afectiva, de acompañamiento y entretenimiento. Pero existen muchas asociaciones que cuentan con lectores voluntarios y que durante la pandemia se han informatizado para que las lecturas sean online o telefónicas. Con la lectura a otras personas, se leerán temáticas por las que a priori no se muestra interés, uno puede entrenarse como orador y narrador y además se promueve algo muy beneficioso para las personas que lo reciben. Este tipo de intercambios promueven la cohesión social, hacen que disminuyan la soledad y el aislamiento y el voluntario siente la satisfacción de hacer algo útil por alguien.

8. Ordenar cajones, hacer hueco y limpieza: tranquilidad y paz interior
Despejar el exterior despeja el interior. Dejar ir aquellas cosas que ya no necesitamos, reciclarlas o incluso regalarlas puede ser útil si nos sentimos dispersos, con falta de espacio o intranquilos. Se trata de integrar nuestras pertenencias en un relato coherente en lugar de en una montonera de posesiones o en un almacén sin sentido. Ordenar nuestras estanterías, armarios y mesas y limpiar la casa no son las primeras actividades que nos planteamos como diversión, pero nos ayudan a reencontrarnos con nuestros objetos, papeles, prendas de vestir y nos permiten diferenciar aquello que nos sirve de aquello que ya no, potencian una sensación de ligereza y nos facilitan vivir con mayor comodidad. Aunque no tiene ningún efecto milagroso, muchas veces cuando nos sentimos intranquilos, agobiados o tristes resulta de cierta ayuda poder estar al menos en un espacio limpio y ordenado que transmita buenas vibraciones, en lugar de estar en un lugar caótico o desagradable.

9. Cocinar: gratificación, creatividad y autocuidado
Cocinar resulta muy útil si, por ejemplo, percibes demasiado tiempo libre, el día se te hace pesado y necesitas hacer algo pero no puedes salir a la calle. Además, cuanto más complejo sea el reto culinario, cocinar resulta no solo entretenido, sino que permite entrenar habilidades de motricidad fina, planificación, toma de decisiones y creatividad, por no hablar del placer y satisfacción que genera comer algo rico que uno mismo ha preparado y compartirlo con otros. Cocinar implica varias tomas decisiones hasta llegar al resultado final. Optar por un plato concreto, disponer de los ingredientes e ir ejecutando la receta implica pensar, planificar en un orden concreto y eficiente e ir acercándonos paso a paso hasta el objetivo marcado, ejercitando diferentes habilidades de manera simultánea. Intentar nuevos retos siempre genera satisfacción con uno mismo y ayuda a tener más claras las propias capacidades. Además, los platos elaborados por uno mismo son siempre un buen regalo, pues tendemos a apreciar mucho más a las personas que nos dan de comer.

10. Manualidades plásticas: atención y encuentro con uno mismo
Existen multitud de tareas artísticas al alcance de todos que aportan diferentes beneficios. Sin necesidad de ser un genio sino simplemente por el placer de hacerlo, se puede dibujar, pintar, hacer collages, maquetas... Estas tareas pueden ayudar a serenar el estado de ánimo, volcar la energía en algo constructivo, entrenar la creatividad, fortalecer la atención focalizada y mejorar esas habilidades de motricidad fina que quizá estén descuidadas. Por otro lado, si se le pone empeño, es posible sorprenderse favorablemente de uno mismo, lo que fortalecerá en nosotros una autoimagen de persona no solo creativa o imaginativa, sino también talentosa, mientras ejercitamos nuestra flexibilidad cognitiva casi sin darnos cuenta.

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