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Las chumberas del camino de Lucena

07.10.11 - Escrito por: Antonio Suárez Cabello

A la salida de Cabra en dirección a Lucena, y antes de llegar al puente del Fondón, encontramos en la ladera de la derecha ‘las chumberas’. Allí están las cactáceas silvestres formando parte del paisaje que despide al viajero en su itinerario a la vecina ciudad. Aunque tal vez sea en el recorrido inverso cuando cobre un mayor protagonismo sus aplastados y carnosos tallos, y más en la época que lucen sus frutos, el higo chumbo, donde los verdes se mezclan con los tonos anaranjados o amarillentos. Divisarlas en la distancia, a nuestra izquierda,. nos permite una mejor observación, si bien la exposición de este flash viajero apenas si dura unos segundos

El detenerse a contemplarlas e imaginar lo que puede transmitirnos sus formas elipsoidales y el espinoso mundo que las puebla fue lo que haría Federico García Lorca para construir su poema ‘La chumbera’. En el Sacromonte granadino, al igual que en muchas carreteras andaluzas, es frecuente encontrarnos con estos cactus, y sabemos de los paseos del poeta por la ciudad de la Alhambra.

‘La chumbera’ lorquiana es uno de los ‘Seis caprichos’ que Federico dedicó al guitarrista y amigo Regino Sainz de la Maza (Adivinanza de la guitarra, Candil, Crótalo, Chumbera, Pita y Cruz) y forman parte del ‘Poema del cante jondo’ (una serie de poemas descriptivos, llenos de fatalidad dramática, donde se plasma el difícil y extraño mundo del cante jondo, donde el ¡ay! es como una voz colectiva del destino humano); un poema, ‘La chumbera’, del que hemos de descifrar las imágenes que transmite su lectura:

CHUMBERA

Laoconte salvaje.

¡Qué bien estás
bajo la media luna!

Múltiple pelotari.

¡Qué bien estás
amenazando al viento!

Dafne y Atis,
saben de tu dolor.
Inexplicable.

En su vuelo poético llama a la chumbera ‘Laoconte salvaje’, verso que relacionan algunos críticos con la impresión que nos deja el observar el grupo escultórico de Atenodoro de Rodas ‘Laocoonte y sus hijos’, obra capital de la cultura helenística en la que el sacerdote troyano consagrado a Apolo muestra el mayor dolor de que es capaz de soportar un ser humano.

‘¡Qué bien estás bajo la media luna!’, ‘¡Qué bien estás amenazando al viento!’, son exclamaciones admirativas que sitúan nuestra mirada en la noche, donde ‘la chumbera’ nos seduce iluminada por los rayos de la luna, resultando más desafiantes al viento sus espinas. Entre estos versos exclamatorios, la imagen multiplicadora de las manos de los que juegan a la pelota en un frontón: ‘múltiple pelotari’. La verdad es que las hojas de las chumberas llenas de higos parecen manos de los jugadores de pelota vasca.

Los últimos versos del poema los dedica García Lorca a lo inexplicable, personificando ‘la chumbera’ para hacerla racional y atribuirle vida a fin de que Dafne y Atis sean cómplices de su dolor, ya presagiado en el primer verso: Dafne, la ninfa perseguida por Apolo, transformada en laurel y simbolizando mitológicamente la castidad femenina; Atis, el pastor del cayado y la flauta que prometió castidad a la diosa Cibeles y que al no cumplirla fue castigado a perder la razón, llegando en una crisis de locura violenta a castrarse; una imagen metafórica la de la amputación asociada a ese cuadro que presenta los tallos cuando han sido arrancados o cortados los higos. Ellos, Dafne y Atis, sufrieron el dolor y comprenden el de la chumbera, que parece una metamorfosis del sentimiento de pena y congoja de Laocoonte.

Pero dejemos aparte la mitología y el dramatismo lorquiano y hablemos del fruto que produce: el higo chumbo. Un preciado manjar de sabor suave y dulce que puede tomarse en solitario, sin ningún otro acompañamiento ni aditamento. Ya no es frecuente ver los puestos de venta ambulantes a la entrada de los mercados locales o en las ferias tradicionales donde lucían con sus tonalidades verdosas, amarillentas o anaranjadas. Aún así, en algunas ciudades como Málaga es habitual hoy en día ver puestos en las calles dando una nota de tipismo y colorido turístico para los viandantes; a fin de cuentas este ritual de los higos chumbos forma parte de nuestra cultura popular. En Cabra, en otros tiempos, se vendían en cubos metálicos por algunas de las calles céntricas.

Las chumberas del camino de Lucena son generosas, ya que ofrecen gratuitamente su fruto a los que con alguna que otra dificultad quieran degustarlo. ¡Gracias mil por vuestra espléndida bondad al brindarnos tan exquisito manjar, y también por formar parte del paisaje que circunda la ciudad milenaria de Igabrum!


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