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El riesgo de la lluvia, que fue intensa en varias ocasiones durante la pasada madrugada, no ha impedido finalmente que la subida se haya realizado sin contratiempos y con un camino en buen estado. Cuando pasaban pocos minutos de las diez de la mañana, la Virgen estaba ante la puerta del Santuario recibiendo la ofrenda de incienso del anciano rector acompañado por el joven párroco de la Asunción y consiliario de la Archicofradía.
Cuatro veces el número diez se hace presente en esta jornada de domingo en que ha subido Ntra. Sra. de la Sierra a su Santuario, tras un mes y seis días de estancia en la parroquia de la Asunción. En efecto hoy es día diez, del mes diez, del año diez y a las diez estaba la Virgen en la Sierra. La subida también es la Romería del Costalero, sirviendo de convivencia no solo para los costaleros de la Virgen de la Sierra, sino para todos los de las cofradías egabrenses.
Tras la misa de despedida que se iniciaba a las seis de la mañana, las primeras gotas de lluvía parecían anunciar que la subida podría no realizarse. No obstante tras la finalización de la eucaristía, la Virgen salía, cubierta con una especie de impermeable, con un paso muy rápido. Su paso por la fachada principal del Ayuntamiento y la calle Redondo Marqués, motivado por las obras de la calle San Marcos, constituía una novedad en esta subida y poco más de mlas siete de la mañana, Ntra. Sra. de la Sierra llegaba a la Plaza de Abastos. Aunque breves, se mantuvieron las paradas en el asilo y en la casa de la Santera, pues de nuevo, algunas gotas de lluvia se dejaban caer.
Cuando la Virgen estaba en la puerta de la parroquia de San Francisco y San Rodrigo, todavía de noche, la lluvía aparecía mientras se entonaba la Salve popular. La Alcaldesa de la ciudad, Mª Dolores Villatoro retiraba el bastón de Alcaldesa perpetua y ofrecía un ramo de flores, en esta cuarta ocasión en que realiza esta simbólica tarea.
Iniciado el camino por la calle Ramón y Cajal, la lluvia parecía arreciar y la Virgen volvía al templo de la Barriada de su nombre. En una reunión mantenida previamente por la Archicofradía y por la Hermandad de Costaleros, se decidía que en caso de dejar de llover, la Virgen subiría al Santuario, lo que anunciaba el hermano mayor, Agustín Mellado quién indicaba que se iba muy bien de tiempo y que se podía esperar hasta que el tiempo permitiera la subida, de acuerdo con la decisión conjunta de ambas cofradías. Algunas personas, en la puerta del templo pedían a los costaleros que dejaran a la Virgen en la parroquia: "Pero dejadla aquí", gritaban algunas devotas ante la inseguridad del tiempo. Finalmente, cuando clareaba el día, la Virgen se giraba desde el antiguo paso a nivel al Hospital y se ponían los cordeles para iniciar la subida, en la que junto a costaleros y devotos, acompañaban también algunos caballistas. El día parecía ir mejorando y al llegar a la casilla Góngora, parecían ir despejándose las nubes, mientras los costaleros hacían una breve parada para tomar un refrigerio.
Los costaleros y las personas que tiraban de los cordeles, se abrazaban y ayudaban en esta subida donde también ha sido más breve la parada en la Casilla La Salve. Pasadas las nueve y cuarto, la Virgen había pasado ya los Colchones iniciando quizá el tramo más duro tras la subida inicial desde el antiguo paso a nivel, con la Cuesta de las Promesas y el Peñón de la Beata. Parecía que había incluso más personas que en las subidas de otros años anteriores, a pesar de las inclemencias de la jornada.
Con brumas, humedad y entre una intensa niebla, la Virgen de la Sierra encaraba el tramo de la carretera tras haber salido de la Viñuela, cuando eran poco menos de las diez menos veinte. Y en apenas quince minutos, estaba ante el peñón que recuerda al costalero Tomás Castro, que fallecía en una subida en la recta final hacia el Santuario.
El rector, D. Manuel Osuna, revestido de capa pluvial, recibía a la Virgen en la explanada de la puerta del claustro del Santuario y ofrecía incienso a la imagen de Ntra. Sra. de la Sierra junto al párroco de la Asunción y consiliario de la Archicofradía, D. Zacarías Romero. La niebla, el viento y la lluvia acompañaban al nutrido grupo de personas que rodeaban a la Patrona en su llegada al Santuario. Tras una breve mirada hacia la ciudad antes de pasar por la Cueva de la Aparición, la Virgen entraba en la Iglesia del Santuario llena de fieles, mientras la cruz y ciriales que abrían el cortejo eran situados en el presbiterio.
Eran poco más de las diez de la mañana del diez de octubre de dos mil diez y la Virgen de la Sierra cumplía con el rito anual de volver a su Santuario tras su estancia en la ciudad de la que es Patrona y Alcaldesa perpetua. Mientras era aclamada por los vivas de su mayordomo y por los aplausos de cuantas personas llenaban el templo, el Santuario, una vez más, volvía a ser el lugar privilegiado que tras tantos siglos sigue convocando a miles de personas para rendir homenaje de devoción a la Virgen María en la antiquísima y venerada imagen de Nuestra Señora de la Sierra Coronada, patrona de la ciudad de Cabra.
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