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Como viene siendo habitual en esta romería, en los momentos previos al inicio de la Santa Misa se entregaron numerosos ramilletes de romero y una vela para se encendida en el momento que el sacerdote realizó la bendición. Momentos más tarde la cruz parroquial y los ciriales se dirigían hacia la puerta del templo para dar comienzo la procesión. Los romeros cantaron plegarias mientras el mayordomo de la Real Archicofradía, acompañado del rector del santuario -ataviado con capa pluvial- y del Hermano Mayor, avanzaba con el Divino Niño en sus manos. Tampoco faltaron las tartas, roscas de San Blas y la típica pareja de pichones que serían sorteados una vez finalizada la Eucaristía.
En esta ocasión, el recién nombrado Inspector Jefe de la Comisaría de Policía Lucena-Cabra, José María Tocornal, también estuvo presente acompañando la comitiva.
En tiempo de Jesús, la ley prescribía en el Levítico que toda mujer debía presentarse en el templo para purificarse a los cuarenta días que hubiese dado a luz. Si el hijo nacido era varón, debía ser circuncidado a los ocho días y la madre debería permanecer en su casa durante treinta y tres días más, purificándose a través del recogimiento y la oración.
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