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El calendario nos ha devuelto al tiempo de la nostalgia, a recordar lo vivido en una semana que ya parece lejana y donde no hace ni 7 días que estábamos soñando con un cielo de pétalos en las postrimerías de la Soledad.
El tiempo marca el compás de nuestra vida y hace un año, por estas fechas no podíamos imaginar ni en el peor de los sueños, que volveríamos a vivir la oscuridad de una enfermedad que hacía que el sol escondiera sus rayos y se marchitara la ilusión de una nueva Semana Santa. La primavera despertando, las tardes estirando las horas de sol y en cambio, los días se tornaron en tristeza y miedo por una enfermedad que volvía a poner un paréntesis en la vida llena de luz, de alegría y de Amor de quien hoy venimos a homenajear. Dios siempre presente en las oraciones, construyendo fortaleza en las adversidades y marcando el paso del tiempo en nuestro destino.
El tiempo, juez que marca el devenir de nuestros días, nos tenía guardado el pasado año un Viernes Santo de cama de hospital, de cofradías que se hacían estampitas en la mesita auxiliar y donde Cristo estuvo presente sin flores, ni cera, ni pasos, ni coronas. Allí donde más se le necesita, la Macarena se recogía en la televisión compartida de la habitación de Reina Sofía, y en el móvil la transmisión del Nazareno y Mayor Dolor de Atalaya, y tú ni mirabas una cosa ni otra... el desánimo de la incertidumbre, del miedo y de la Esperanza.
Pero Dios marca el camino y la vida ha querido devolver la luz de las oraciones y las súplicas. Hoy dejamos atrás la tristeza para retornar al júbilo. La esperanza se ha hecho de nuevo alegría y en esta tarde la Agrupación General de Hermandades y Cofradías nos convoca para reconocer a Manuel Fernández Rodríguez como Cofrade de Honor de Cabra. Un reconocimiento justo, leal y que viene a refrendar una vida dedicada en plenitud a nuestras Hermandades y Cofradías, a la Iglesia y a sus monjas, las Madres Agustinas. Siempre de manera altruista, por devoción y por amor a Cabra.
Voy a intentar resumir el bagaje cofrade de Manuel Fernández, aún sabiendo que sería imposible detallar todos los aspectos y que habrá muchos otros que me dejaré atrás por su extensión a lo largo de tantas décadas de dedicación a nuestra Semana Santa. Junto a él he podido compartir y vivir grades momentos, un maestro para un niño que soñaba vivir intensamente las tradiciones de nuestra ciudad y que con el paso de los años comprobé, y lo sigo haciendo, todo lo que ha aportado a nuestras costumbres y a nuestra religiosidad popular con trabajo humilde, sencillez y dedicación plena.
Manuel desde su infancia se definió como una persona inquieta, entre bandejas de dulces de la confitería de los Fernández de la calle San Martín. Rodeado de lebrillos y leña, se forjó una personalidad que arropado por sus padres Manuel Fernández y Rafaela Rodríguez y a las faldas de nuestra tía Maruja, se convirtió en un aprendiz de todo aquello que tuviera que ver con la Madre de Dios.
Hablar de Manuel Fernández es hacerlo de forma inexorable de la Semana Santa de Cabra, de la Virgen de la Sierra y todo aquello que tiene que ver con la Iglesia de nuestra ciudad. Ha sido miembro fundacional del Patronato Pasión y Cofradías, testigo de todo lo que ha acontecido en esta institución desde sus inicios. Colaborador de exposiciones, presentaciones o con artículos en la publicación de la revista Capuchón. Decorando con su arte efímero cada acto y culto realizado. Se le reconoció con la Orden de Honor de la Fundación Pasión y Cofradías por su trayectoria y vinculación con una entidad que puso en valor a nuestras Hermandades durante varias décadas.
Manuel llegó a la Fundación por su cargo de Presidente de la entonces Asociación General de Hermandades y Cofradías de Cabra. En el año 1986, llega a la presidencia de la Asociación de Hermandades donde acompañado de grandes amigos como Manolo Pérez, Juan Antonio Montilla y otros muchos conseguirían un hito histórico para nuestra Semana Santa como fue la Declaración de Interés Turístico nacional. Además, en su mandato consiguió grandes metas, marcando un antes y un después en la memoria y la nostalgia de nuestra infancia, como fueron la grabación de la primera cinta de la Banda de Música de Cabra y la creación del Catálogo histórico artístico de la Semana Santa egabrense en 1987 del que él fue coordinador de su edición.
Pero antes de adentrarnos en su vida cofrade, debemos de hacer una mención especial a sus inicios, a su juventud en la que se desarrolló y aprendió en torno al exorno floral, en la vestimenta de la Santísima Madre de Dios y el montaje de altares y cultos. Desde muy joven estuvo vinculado a la Archicofradía de la Virgen de la Sierra. A Ella le ha dedicado la mayoría de sus desvelos de gran parte de su vida, con su primoroso cuidado, cariño y mimo nos la presentaba no sólo en el mes de septiembre, sino a lo largo de todo el año y del calendario de romerías. Inspirado por el carácter de don Manuel Osuna de cuidar, mejorar y conservar el patrimonio de todos los egabrenses, Manuel Fernández colaboró con la archicofradía en la restauración de varios de sus mantos más significativos y en el mantenimiento de su ajuar en la antigua capilla de la Aurora, creando también un inventario de bienes de una complejidad enorme por su extensión.
La Coronación de nuestra Patrona, la Santísima Virgen de la Sierra, supuso el culmen de su trabajo y dedicación. Con un interés especial en la elaboración de la corona de la Santísima Virgen y el Niño realizada en los talleres de los hermanos Marmolejo de Sevilla, realizando un exhaustivo seguimiento para que todo se desarrollara con el merecimiento que debía tener una obra de tan singular significado para nuestra Patrona y toda la ciudad.
Como ya hemos indicado hablar de Manuel Fernández Rodríguez es hacerlo casi obligadamente de la Semana Santa de Cabra. Nieto e hijo, de otros Manuel Fernández que constituyen casi una dinastía de mayordomos en la historia de Jesús Nazareno. Su padre también vinculado de una forma especial en la fundación de la Cofradía del Mayor Dolor y su tío Pepe, interpretando al Niño Isaac en la celebración de la representación del Paso que en la mañana del Viernes Santo se realizaba en la Plaza Vieja.
La relación de la familia Fernández con la Semana Santa egabrense se pierde en el horizonte del tiempo. Al igual que lo hace su dedicación con todas las Juntas de Gobierno que han llamado a su puerta a lo largo de tantos años.
Su vinculación y dedicación a las Cofradías y Hermandades ha sido tan intensa que sería complejo detallar todas ellas. Muestra de su intensa labor llevada a cabo fue nombrado Mayordomo honorario de la Cofradía de la Piedad, de la Virgen de la Paz y también de la Archicofradía de la Vera Cruz, la Virgen de los Remedios y el Cristo de la Sangre. Ha sido hermano mayor y mayordomo del Santo Entierro. Miembro activo en la refundación de la Cofradía del Huerto y colaborador en las Cofradías de los Dolores, Pollinita, Amargura, Paz, Misericordia, Preso, Virgen de las Angustias y en el Santísimo. Su labor durante décadas, marcó un estilo propio en nuestra ciudad a la hora de vestir y exornar nuestras imágenes y los distintos pasos de las Cofradías.
No puedo dejar de mencionar las horas compartidas con el cuando me llamaba para acompañarlo a vestir a alguna de estas imágenes o cuando la Semana Santa se acercaba y me llevaba de la mano a poner flores a los pasos. Siempre vi en su mirada el respeto y seriedad que sentía por aquello que hacía y el cariño que dedicaba en cada minuto de una difícil labor que el siempre ha hecho de una forma altruista y con verdadero sentido de Amor por Dios. Su labor no se enmarca solamente en el carácter localista, su trabajo ha traspasado fronteras llegando a Cofradías de distintos puntos de nuestra geografía. En estos últimos años, en las ciudades de Doña Mencía, Luque o Málaga por poner varios ejemplos.
Manuel Fernández ha sido pregonero de nuestra Semana Mayor en el año 2015, pregonero de la cofradía filial de la Virgen de la Sierra de Málaga y Sevilla, pregonero de la Hermandad de la Virgen de la Cabeza y exaltador de las Glorias de la Virgen de los Remedios. Colaborador con distintos medios de comunicación, organizador de exposiciones, eventos, viajes, cultos y presentador de carteles de Hermandades. En el año 2011, por su dilatada trayectoria en las tradiciones de nuestra ciudad se le otorgó también la mención de Egabrense del Año.
Pero hablar de Manolo es hacerlo de Nacimientos en la época de Navidad, de Cruces de Mayo, de tronitos pequeños en la Semana Infantil, del Santísimo Sacramento y hermosos altares por su festividad o del culto a la Virgen de Fátima en nuestra ciudad. Pero también es hacerlo de la decoración de escaparates y balcones que en cada cita importante del calendario de Cabra nos regala a los egabrenses desde su casa en la calle San Martín. Hablar de Manolo es hacerlo de su dedicación por las Madres Agustinas, a la que dedica también gran parte de su vida en las labores que ellas no pueden realizar fuera del convento o al mantenimiento de su Iglesia conventual. Hablar de Manolo es hacerlo también de Madre Mercedes, Madre Inés, Madre Sierra o Madre Inmaculada. O de su relación y colaboración con el resto de congregaciones religiosas de Cabra.
Estar cerca de él, te permite entender lo que significa amar lo nuestro, las más profundas tradiciones de esta tierra y a trabajar incansablemente por Cabra, la bendita Virgen y su divino Hijo. Pero hablar de Manolo es hacerlo también de los deliciosos gajorros y pestiños que hacía con nuestra tía Maruja, de su madre Rafaela o del recuerdo de su padre Manolo sentado en una silla de anea en la puerta de la confitería de la calle San Martín, de sus carrozas de septiembre que tanta repercusión tenían y de su dedicación por la iglesia. Porque Manolo ha dedicado su vida a la iglesia de forma desinteresada. Es de esas personas que hoy en día es difícil encontrar, con unos valores que le hacen trabajar y ayudar a todo el que acude a él sin pedirle nada a cambio. Cuantas horas ha dedicado Manolo a la Iglesia de San Juan Bautista del Cerro para devolverla con el mayor esplendor al culto cuando estaba prácticamente en ruina o cuantos enseres ha recuperado que se tenían por perdidos y que hoy lucen restaurados para disfrute de todos.
Hoy la Agrupación de Cofradías viene a reconocer como Cofrade de Honor a Manuel Fernández Rodríguez, no sólo por su trabajo, sino por lo que representa a quienes ven en él un ejemplo de dedicación y amor por nuestras Hermandades y Cofradías.
El tiempo, nexo inexorable de nuestra estancia en la tierra, nos permite comprender todo lo que hemos hecho, pero también todo lo que nos falta por cumplir. Hoy Manolo Fernández sigue activo en la vida diaria de nuestra ciudad regalándonos arte a raudales. Sus ganas de vivir y los sueños que aún le faltan por cumplir son el motor que le da fuerzas para seguir adelante a pesar de las adversidades. Las Hermandades y Cofradías, Cristo y María, siguen estando presentes en cada día de su vida. Y en esa fidelidad constante encontramos todos un espejo donde mirarnos y una lección de entrega que no entiende de límites ni de tiempo.
Enhorabuena y gracias.
Enhorabuena por que este reconocimiento viene a refrendar una vida dedicada a las Cofradías de Cabra, te lo has ganado día a día, año a año.
Y Gracias por tu lealtad, por estar siempre cuando se te necesita y por tu trabajo incansable en pro de nuestra Semana Santa. Que sigamos disfrutando de tu arte y experiencia durante muchos años más.
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